Domingo 27 de mayo del 2012 | 19°
No fui a Mistura. Y no porque no me guste la comida peruana, o no me asombre el trabajazo de Gastón Acurio, o considere que veinte soles por la entrada al festival gastronómico era demasiado caro. Nada de eso. No fui, simplemente, porque no soy amiga de las colas, les huyo a las aglomeraciones de gente y prefiero comer cómodamente sentada en un restaurante. Por eso me impresiona que tanta gente, que decidió asistir voluntariamente a un evento masivo en el que sabían, más o menos, con lo que se iban a encontrar, se queje de haber esperado mucho por un plato de comida, o de haber pagado veinte soles para entrar, o del precio y del tamaño de las porciones. Los que se fueron con la barriga llena y el corazón contento son más por supuesto, pero no han faltado los rajones dispuestos a destruir lo que, a todas luces, ha sido uno de los eventos culturales y sociales más importantes de los últimos tiempos. Y no creo exagerar. Gastón Acurio es uno de esos peruanos, como Mario Vargas Llosa, a los que les gusta comerse el pleito. Cuando llegó de París con su cartón de gran cocinero bajo el brazo, pudo haberse dedicado a administrar restaurantes y volverse simplemente millonario. Pero ya sabemos que eso no fue lo que eligió. Con visión empresarial, pero también con una visión moderna de lo que puede ser el Perú, Gastón se propuso hacer de la comida peruana un sello de calidad e identidad con el que pudiéramos ser reconocidos en el exterior y, sobre todo, en un elemento que ayudara a los peruanos a reconocernos como iguales, como parte de una nación. Vamos, la idea es genial y, definitivamente, ha calado. Qué mejor que un lomo saltado o un cebiche para sentirnos todos hermanos, aunque sea por el tiempo que demore devorar el plato. Por eso, a Mistura asistieron más de 400 mil almas. No solo a comer, sino a sentirse más orgullosos de pertenecer a esta hermosa tierra del sol. Algunos de los criticones de siempre regañan porque la comida no califica para ser el gran cohesionador de identidad cultural que el Perú necesita. ¿Y por qué no? ¿Hay algo más italiano que la pasta o más japonés que el sushi? ¿Por qué si otros países desarrollados se han ocupado de reunirse alrededor de su culinaria, nosotros tendríamos que buscar referentes más sofisticados y elaborados? Las críticas constructivas siempre son importantes para que un evento mejore. Gastón las debe apreciar. Pero, si insistimos en destruir todo intento desinteresado de construir un futuro y un país mejor para nuestros hijos, acabaremos sumidos otra vez en ideologías extremistas que consideran que la única forma de arreglar las cosas en el Perú es destruyendo todo lo que ya existe. Sin ánimo de ofender a nadie, 'tirar arroz’ es sinónimo de ningunear. Hay que tener con… cha para hacerlo desde la cómoda silla del que todo critica y no hace nada.