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Antologías poéticas y literatura nacional

2009/07/07
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Precisamente por haber sido publicada por una editorial universitaria española, lo que la pone fuera del alcance de nuestros lectores, quiero llamar la atención sobre una notable investigación literaria cuyo título indica explícitamente el especial interés que tiene para nosotros: Antologías poéticas peruanas (1853-1967). Búsqueda y consolidación de una literatura nacional (Sevilla: Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla, 2008, 486 p.). Su autora es Inmaculada Lerdo Martín, cuya tesis doctoral de 2005 es la base de este trabajo. Con honrosas excepciones, las tesis universitarias no suelen dar origen –por los requerimientos propios del medio académico– a libros interesantes o, siquiera, legibles. El presente es uno de esos raros casos, y lo es por varios motivos. El primero es su originalidad: el tema que trata nunca había sido antes estudiado a fondo, ni dentro ni fuera del Perú. Las antologías –sobre todo las poéticas– son una forma de trabajo crítico que, frecuentemente, generan malentendidos, confusiones y polémicas descaminadas. Aunque por lo general manifiestan la opinión de una persona, es erróneo tomarlas como una mera expresión de gustos subjetivos, aunque ese elemento no le es ajeno. Lo cierto es que –como bien plantea la autora– conjugan el punto de vista personal con los criterios o valores estéticos, históricos y culturales dominantes según los cuales se establece lo que en determinado momento se entiende por 'literatura’. Es decir, entran en juego dos factores distintos y complementarios. Por un lado, los gustos del antólogo son, ciertamente, suyos y contribuyen a modelar los de su época; por otro, esos gustos están modelados por las ideas y formas que son propias de aquella, a veces por la presión de fuerzas que operan de manera sorpresiva e irresistible. No solo eso: las antologías tienen una importancia mayor de la que comúnmente se les otorga porque ilustran cómo se configuran y evolucionan los movimientos, tendencias y géneros, lo que las convierte en útiles auxiliares de la historia literaria en cuanto esclarecen los momentos clave en el desarrollo de la literatura de un país o de una región cultural. Y también, las antologías subrayan las diferentes lecturas que los mismos textos pueden tener debido a los constantes reajustes que les impone el balance entre la tradición y la innovación, entre el pasado y la actualidad, todo lo cual está asociado con la ahora tan popular noción del 'canon’ literario, que podría entenderse como el vasto legado que las anteriores generaciones han ido acumulando a lo largo de los siglos, para que las siguientes las relean, revisen y actualicen. Una de las grandes virtudes del libro es su exhaustividad y su riguroso manejo de muchas fuentes documentales (complementadas con anexos presentados en un disco compacto), varias de ellas olvidadas, poco frecuentadas o de muy difícil acceso pese a los recursos electrónicos. Los 114 años de antologías que cubre el estudio van desde la Lira patriótica del Perú (1853), del poeta romántico Manuel Nicolás Corpancho, hasta Los nuevos (1967), de Leonidas Cevallos. Desde su título, la recopilación de Corpancho subraya la afirmación nacional en las manifestaciones poéticas surgidas en el período de la emancipación. Su criterio no es estrictamente literario (los textos que recoge adolecen de una retórica muy ingenua) sino el de documentar cómo la poesía sirvió una causa política y ayudó al nacimiento de una nación, rasgos característicos del romanticismo. El repaso que la autora hace de las antologías que siguen a esa muestra cómo se reflejan en ellas los aportes literarios y culturales que van definiendo nuestras letras: el sentimiento americanista, la modernización novecentista, las propuestas vanguardistas, el rescate del legado indígena, la conciencia de nuestra propia heterogeneidad y pluralidad como país, etcétera. La mayoría de las obras que forman el corpus bajo examen son analizadas en detalle y con buen juicio crítico. Por ejemplo, en la sección (p. 317-321) dedicada a la polémica que se desató en 1958 sobre el libro Edición extraordinaria, de Alejandro Romualdo, la autora comenta, entre otros, el artículo con el que Mario Vargas Llosa intervino en el debate, evalúa las otras posiciones y, haciendo un uso muy inteligente de un texto crítico de Vallejo, llega a una conclusión muy equilibrada del asunto. Es justo reconocer la importancia de esta obra: se trata de una contribución mayor al estudio de nuestra literatura moderna y contemporánea, echa luz sobre fases olvidadas de su proceso formativo y ofrece reflexiones críticas cuyos alcances son de gran trascendencia.