Sociedad | Mar. 11 ago '09

Amor no es enamoramiento

Autor: Carmen Gonzales
Diego ya no es el mismo. Antes me llamaba todo el tiempo, me engreía, me enviaba tarjetitas y flores. Yo quiero al de antes, no al de ahora. Para eso no me casé”. Nancy, 35 años.

Se sabe que el enamoramiento es breve; sin embargo, inconscientemente se niega esto. Se quiere creer que si la pareja se lleva bien, el estado de éxtasis y de casi hipnosis va a seguir, sin variaciones, por siempre.
No se tiene conciencia de que en ese estado se idealizan algunos aspectos del otro y se niegan aquellos que se consideran inaceptables. Se ve lo que se quiere ver. Como un estado de alucinación.

Nancy tuvo un vínculo infantil muy doloroso. Su madre era fría y prefería a su hermano mayor, ella sentía que no era amada. Encontrarse con Diego fue “reencontrarse” con el deseo infantil de recibir cariños, engreimientos y la preferencia. No sabía que era realmente un re-encuentro con su pasado, con una historia fuera de su memoria pero presente siempre.

Se enamora de Diego desde sus carencias. Por ello valoriza en extremo los detalles como el envío de flores que, según ella, la hacían sentir “felicísima”. No sabía que esa “felicidad” también era porque tapaba la herida antigua del desamor. Cuando Diego deja de mimarla, se le abre la herida interna. No quiere saber que el enamoramiento y el amor se ven como idénticos, pero no lo son. El segundo puede llegar a ser duradero; el primero siempre es transitorio.

El amor es una construcción. Exige mirarse dentro y mirar la interioridad del otro; y qué difícil hacerlo cuando ni siquiera conozco porque soy así o asá; también pensar antes de hablar o actuar, aceptar diferencias, tener claro que la pareja no es una “posesión”, entre otros. Decisión, capacidad de dar, reconocer al otro como ser independiente y esfuerzo, pueden ser claves. Tremenda chamba.


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