Domingo 27 de mayo del 2012 | 18°
'Hay que tener huevos para ser maricón’ dice uno de los personajes de Contracorriente. Y hay que tenerlos también para hacer una película sobre el amor gay, cuando sabes que el tema incomoda, que en una sociedad como la nuestra la homofobia exhibe sus miserias en cada esquina. Lo han demostrado ya autores como el francés Jean Genet con el clásico y radical Un chant d’amour (1950), o si se quiere una referencia más cercana y contemporánea, el mexicano Julián Hernández con títulos como Mil nubes de paz, El cielo dividido o Rabioso sol, rabioso cielo. El pescador Miguel (Cristian Mercado), casado con Mariela (Tatiana Astengo), tiene una relación con el pintor Santiago (Manolo Cardona) en Cabo Blanco. Los dos se quieren en secreto. Pero todo cambia cuando Santiago muere ahogado y se aparece ante Miguel. MÁS O MENOS TIBIO. La discreción es el tono general de Contracorriente y, pese a ciertos logros, como convertir en fantasma a Santiago –una propuesta interesante que hasta puede ser vista como un reflejo paradójico de lo que es el amor gay en una sociedad represiva ¿no?, Miguel ya puede caminar de la mano con él en el pueblo porque nadie lo puede 'ver’–, no deja de ser algo irregular, con algunas pocas variantes forzadas de guion –entre ellas, la presencia de la chica que quiere 'consolar’ a Miguel–. Es cierto, aquí no hay estereotipos del gay ni se apunta al escándalo. Pero el filme tiene una 'voz’ que no deja de ser indiferente, casi neutral, y esto fastidia un poco. Sí, la decisión final de Miguel es la más arriesgada, la más dolorosa: literalmente se queda solo, aunque todo esto es presentado desde una perspectiva a la que se le ha inyectado una gran dosis de melodrama medio rosa, medio enternecedor. Por momentos, Contracorriente pide permiso para buscar la tolerancia. La película no intenta ser un cine prohibido, en el sentido que se le daba a los trabajos de Pasolini, sino que abre sus puertas al espectador, a todos. Porque, suponemos, lo que el director Javier Fuentes León busca –un cineasta que sabe del tema desde adentro, entonces, que intenta ser honesto con lo que nos presenta, lo que se agradece– es que su película sea vista por todos. ¿Lo logrará?