Domingo 27 de mayo del 2012 | 18°
Roxana prefiere que nadie lo sepa, y menos su cariñoso amante. Cuando el reloj marca la 1 de la mañana, ella se pone un baby doll, se perfuma y se cambia de nombre: es Alice. Enciende su laptop, ingresa al MSN y se encuentra con algunos amigos. La conversación fluye, y con uno –sí, ahora es con uno llamado Alfred56– acepta mostrarse por la webcam. Y él hace lo propio. La temperatura de ella, en Lima, Perú, y la de él, en Valencia, España, se va elevando. Alice muestra sus pechos, pellizca sus pezones y manda besos; luego, se toca. Alfred 56 exhibe un portentoso pene. Alice no apaga la webcam hasta que lo contempla eyacular. Y ella, con palabras muy hot, muy españolas, susurra: “Ya me corrí”. Una encuesta on-line que hice a través de Twitter y de Facebook señala que el 66% ha practicado cibersexo (92 votos), el 15% (21 votos) declara que no lo ha hecho, mientras que un 14% (19 votos) se muestra interesado en vivir la experiencia. Apenas el 6% (8 votos) refiere que el tema no le interesa. Se trata de solo una pequeña muestra de lo que está pasando en la red. El diario El País de España publicó esta semana un reportaje titulado “93 millones de formas de practicar el sexo”, donde se indica que el cibersexo triunfa por ser accesible y anónimo, y porque ofrece todas las variantes imaginables en un espacio sin culpa ni vergüenza. NADA MÁS CIERTO. Alice me cuenta, vía MSN, que esa pose de mujer fatal que muestra delante de la webcam le resulta impensable delante de su chico de carne y hueso. “Es como si yo fuera dos personas: Roxana, la secretaria tímida que está muy enamorada de su jefe, y Alice, una loba que rompe corazones en Internet”, cuenta esta chica que visita foros de 'busca pareja’ de otro países. ¿Por qué lo hace? La única respuesta que asoma es esta: “Me siento sola. Mi enamorado viaja mucho, y creo que la relación no va. Yo me muestro atenta a él, y siempre dispuesta, pero algo va mal”. Internet es su refugio y el lugar donde encuentra sexo sin compromisos. Entrevistada por El País, Pilar Ortega, del Instituto de Sexología de Barcelona, sostiene que la principal contribución del cibersexo es “fomentar la fantasía y procurar nuevas formas de ocio, además de suponer una inyección contra la rutina en el caso de parejas instaladas en ella”. Quizás el gran problema de este juego masturbatorio es que a veces hay que dar la cara: el esperado encuentro, la cita, la desilusión, el riesgo. “Es como caerte del décimo piso y pisar tierra”, comenta Marco, un abogado de 40 años, que tenía una aventura on-line con una chica de 25. “Ella era tan bella como en la webcam, pero cuando tuvimos sexo nos sentimos como dos extraños. Creo que los dos descubrimos que habíamos actuado y que no teníamos nada en común. Fue doloroso”, cuenta. Pero Marco sigue 'cazando’ romances con sexo virtual en la red. Ahora, sin embargo, se niega a cruzar la frontera de la ficción a la realidad. No es el caso de Daniela y Roberto, quienes dejaron de masturbarse cada uno desde la comodidad de su casa, webcam de por medio, para conocerse. La cita: un hostal de Miraflores. Los dos escriben que fue “espectacular”, como si todo el juego virtual de meses hubiera sido un 'calentamiento’ para la gran explosión. Llevan cuatro meses juntos. MÁS ALLÁ DEL JUEGO. De acuerdo con una evaluación de la Universidad Complutense de Madrid, el 7% de los usuarios de la red, es decir, unas 12 millones de personas, están catalogadas como cibersexoadictos, hombres y mujeres que pasan entre 15 y 20 horas a la semana frente a la computadora contemplando fotos y videos XXX. Muchos de estos cibersexoadictos no se conforman con mirar. El paso siguiente a solamente contemplar imágenes porno es entablar relaciones con desconocidos, situaciones en las que se 'salta’ el enamoramiento y se va al sexo con facilidad. Pero, entonces, ocurre el desastre: el adicto al sexo virtual no siempre tiene una respetable performance sexual en la realidad. De hecho, es posible que le cueste comunicarse y que no se sienta cómodo con una persona ajena a la que debe mirar, tocar, oler y sentir. Sin embargo, es preciso decir que, como experiencia hot, el cibersexo es gratificante, capaz de ilusionarte brevemente y generador de orgasmos, porque –al fin y al cabo– no es otra cosa que masturbación + tecnología a tu favor. ¿O no?