Domingo 27 de mayo del 2012 | 18°
Cuatro gobiernos democráticos exitosos –dos de Cardoso y dos de Lula– parecen estar dándole a Brasil estabilidad y la madurez para consolidar su liderazgo regional. Lo personifica Lula, quien luego de las crisis de su primer período, que casi le cuesta la reelección, está ahora en su mejor momento, combinando crecimiento económico, reducción de la pobreza y alta popularidad. Eso sí –y quizás para compensar lo exuberante que es Brasil en tantos otros aspectos– Lula mantiene la tradición de Itamaraty de que el poder diplomático se ejerza con discreción. Así ha sido en la crisis boliviana. Se sabe ahora que Lula solo accedió a participar en la reunión de la Unión Sudamericana de Naciones, en Santiago, una vez que Evo y la oposición aceptaron su pedido de iniciar un diálogo con mediación extranjera. También fue Lula, a quien nadie puede acusar de “cachorro del imperio”, quien aseguró contra todos los intentos de Chávez, que la declaración no tuviese una condena a los Estados Unidos. Foxley, el canciller anfitrión, confirmó el aislamiento del venezolano: “… no compartimos el planteamiento que él hace, creemos que los problemas de la región hay que solucionarlos en la región; a mí no me gusta andar responsabilizando a otros (…) afortunadamente no fue acompañado por el resto”. Dado que los problemas a enfrentar son mayúsculos, nada garantiza que el diálogo que se ha iniciado en Bolivia sea exitoso; pero lo que nadie puede negar es que la discreción y prudencia brasileña han sido mucho más útiles para tratar de preservar la democracia y la paz en Bolivia, que los insultos destemplados de Chávez (“váyanse al carajo, yanquis de mierda”) y sus anuncios de intervención militar (“Si la oligarquía y los 'pitiyanquis’ financiados por el imperio derrocaran algún gobierno nuestro, tendríamos luz verde para iniciar operaciones de cualquier tipo para restituir el poder popular… Si tuviéramos que crear un Vietnam, dos Vietnam o tres Vietnam, aquí estamos dispuestos”). Sin duda, Chávez tiene peso en la región –en mucho por lo gordo de su billetera y su vocación de entrometerse en casa ajena– pero con frecuencia su estridencia se confunde con poder real; cuando más bien, y con cada vez más frecuencia, sus pares tienden a colocarlo en su sitio; eso sí, sin hacer aspavientos. Otro ejemplo: según O Estado de Sao Paulo, Lula le expresará a Chávez, la próxima semana en Nueva York, en otra reunión de Unasur, su preocupación por su alianza militar con Moscú. (¿Qué tiene de raro que Chávez y Putin congenien?). CHÁVEZ Y HRW. José Miguel Vivanco de Human Rights Watch fue expulsado de Venezuela luego de presentar un informe sobre la situación de los derechos humanos. Le cayeron epítetos de todo tipo, el más moderado, el de actuar a sueldo del Departamento de Estado. (“Ya deben saber los que pretendan seguir en estos jueguitos a qué pueden atenerse”, dijo el canciller Maduro). Habría que decir que HRW es una organización independiente que trabaja en todo el mundo y es muy crítica del gobierno norteamericano. Es grotesco querer descalificarla por un sesgo ideológico de derecha. Por ejemplo, HRW se ha opuesto tenazmente a que Colombia firme un TLC con los Estados Unidos por los asesinatos de sindicalistas. En relación al Perú ha sido implacable crítico del autoritarismo de Fujimori. En suma, otra prepotente metida de pata de Chávez.