Además:

Alguien gobierna para los ricos…

2008/09/08
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Dos encuestas hechas en Lima Metropolitana iluminan la coyuntura política. La encuesta de opinión de la Universidad de Lima muestra una abrupta caída del apoyo al presidente Alan García; 15 puntos en un mes, del 39.4% al 24.6%, y la consecuente elevación de su desaprobación: de 54.1% a 71.6%. El 49.6% de los encuestados atribuye la baja popularidad presidencial al alza del costo de vida. Pero la importancia que los distintos estratos socioeconómicos otorgan a este factor es muy diferente: mientras que en el estrato A, el más acomodado, este tema interesa apenas al 20.0%, en el estrato E quienes lo consideran vital son el 73.9%. La encuesta de Ipsos Apoyo, publicada el sábado 6 por el diario El Comercio, sobre el consumo del estrato socioeconómico A permite entender mejor el porqué de estas diferencias. Comencemos porque hay más ricos: el estrato A ha crecido en 7% desde el 2005. El estrato A gasta en alimentos apenas un 15% de los ingresos familiares, mientras que el estrato E gasta el 65%. Pero, aún más importante, en el estrato A la totalidad de las necesidades de la familia (que incluyen alimentación, otros servicios básicos, educación, transporte y otros gastos corrientes) se cubren con la tercera parte de los ingresos familiares. En cambio, en el estrato E estos gastos consumen el 98% de los ingresos. Mientras que en el estrato A dos terceras partes de los ingresos familiares (el 62%) está “disponible para otros rubros”, en el estrato E queda disponible apenas el 2%. Esto quiere decir que una familia del estrato socioeconómico E con 660 soles de ingresos mensuales solo puede disponer de S/. 13.20 al mes por encima de lo vitalmente necesario, los cuales serán completamente absorbidos por el simple alza de un sol en el precio del kilo de pollo. De los datos de Ipsos Apoyo se desprende que en un extremo de la pirámide social millones de limeños no pueden cubrir sus necesidades básicas. En el otro, entre los más ricos, el consumo se viene dirigiendo crecientemente a la compra de yates, relojes de alta gama de precios (cuya venta se viene incrementando en 300% al año), vehículos “del tope de gama, que llegan a los US$400.000”, etc. Estamos hablando solo de Lima. En el interior la situación es aún peor. La pobreza y la riqueza son relativos: siempre somos ricos –o pobres– “con relación a…”. Por eso Basadre consideraba al abismo social una de nuestras mayores calamidades. ¿Cómo extrañarse del incremento de la conflictividad social y de la bronca acumulada de quienes votaron por García el 2006?