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Alan, el olímpico

2008/05/24
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Arturo Woodman comentó al presidente y ministros que quería postular al Perú para los Juegos Panamericanos de 2016. Un objetivo ya de por sí ambicioso dado el ruinoso estado de la infraestructura deportiva de alta competencia, por no mencionar la ausencia de villas deportivas en número suficiente para albergar a cientos de deportistas y por no hacer hincapié en aspectos tan obvios como la inexistencia de un sistema de transporte moderno. ¿Ambicioso? "No señor" -me cuentan que dijo el presidente-, "¡si tenemos que mirar alto!, anuncie usted que postulamos para ser sede olímpica ese mismo año". Varias emociones puede despertar esta anécdota política. La primera, y mas benévola, carcajadas. Lima es una ciudad aún pobre y subdesarrollada en tantos aspectos que es más que obvio que jamás el COI nos dará posibilidad alguna de ser sede en esa fecha. El presidente quiere una nueva ilusión para su cumpleaños y esta no está mal. Por lo menos es menos dañina que andar promoviendo un referéndum para la pena de muerte. La segunda es rabia. Más de 40,000 millones de dólares le costarán a China estas Olimpiadas. Más de 10,000 millones de dólares le costaron a Grecia sus Juegos Olímpicos. Estas cifras están completamente fuera de las posibilidades y prioridades del Perú. Piense usted, si no, en la pequeña delegación de atletas que el Perú está mandando a Beijing subsidiados en su mayoría por sus familias, sin casi apoyo del Estado. Piense en esas federaciones que sobreviven sin instalaciones adecuadas, sin competencias de nivel, sin atletas bien alimentados. ¿Con qué credibilidad se puede anunciar el compromiso de gastar millones para mañana sin resolver la emergencia deportiva de hoy? Yo ni me río, ni me da rabia. Me da mucho miedo. Esta es una muy mala señal de la percepción presidencial de la realidad y del entorno sumiso e improvisado que lo rodea. Sin pensar en costos, envalentonado por una cumbre de un día, el presidente dice una locura de este calibre y nadie se atreve a corregirlo. Sin averiguar ni la fecha de cierre para candidaturas (ya vencida), su jefe de prensa corre a publicar sin titubear. Y más allá del silencio cómplice, vino el entusiasmo ciego. La ministra de Comercio y el primer ministro salieron, bien olímpicos, a etar a los "pájaros de mal agüero". Los escuchaba y pensaba: ¿qué tendrá el poder que enloquece?