Además:

Agua helada

2009/12/05
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Que el Perú ha crecido durante los años recientes, salvo este último a causa de la crisis mundial, es innegable y ciertamente loable. Sin embargo, convertir en 'santa palabra’ lo que se hace en la economía es arbitrario y autoritario; pero, sobre todo, es una práctica disociada de la realidad. El esfuerzo de convencer a los peruanos de que el país marcha viento en popa y que –salvo por el Congreso– todo confirma que el Perú está llamado a convertirse en un ejemplo para el continente, y hasta para el mundo, peca de abusivo. Esta semana han sobrado comentarios que invitan a ver el otro lado del espejismo. En el seminario 'Claves de una estrategia corporativa’, organizado por la Universidad del Pacífico, el economista norteamericano Michael Porter, teórico de la 'gerencia estratégica’, hizo una presentación fulminante que develó las debilidades del desarrollo económico peruano. Dijo que, por ejemplo, la estructura de las exportaciones se mantiene inalterable a pesar del crecimiento de la economía: el liderazgo lo siguen manteniendo –y de lejos– las materias primas y los bienes con escaso valor agregado. Los servicios y la producción con alto valor agregado siguen siendo mínimos. En cuanto a la innovación –clave para aumentar la competitividad–, el Perú sigue en la cola. Porter dijo lo que todos saben, pero que en su voz suena impactante: este tipo de crecimiento económico presenta limitadas posibilidades de incrementar el empleo y promover la diversificación de la economía. Remarcó la necesidad de que el Perú cuente con un proyecto económico ambicioso y con una estrategia social. Y recordó a aquellos que aseguran que de las actuales políticas del Ministerio de Economía surgirá la luz, que al lado de las políticas macroeconómicas se requiere una sólida infraestructura social e instituciones políticas. ¿Un 'perro del hortelano’ este Porter? ¿Un 'caviar’ acostumbrado a ver solo lo negativo? Como tantos mal calificados como tales, Porter no habla con el afán de destruir la imagen del país. Enciende una señal de alerta frente al actual tipo de crecimiento económico, señal que termina por aterrizar sobre la soberbia instalada en sectores empresariales y entre las altas autoridades del Gobierno. Advierte sobre un viejo problema: pretender que el país crezca, y se desarrolle, exportando principalmente recursos naturales. El llamado de Porter se traduce en que en el Perú hace falta democratizar el crecimiento y establecer una voluntad de desarrollo consolidándolo como una nación. El éxito será posible si los que deciden superan su mirada elitista y aceptan que una condición para el desarrollo sostenible es proponerse el fin de la exclusión y la reducción razonable de sus márgenes de utilidad.