Política | Sáb. 11 abr '09

Afán de figuración

Oliver Stark opina
No pertenezco al grupo de fanáticos fujimoristas y pienso, además, que el ex presidente no merece volver a la escena pública por la forma tan cobarde como abandonó sus funciones en el país después del escandaloso tema de los videos y de la corrupción montesinista. Sin embargo, y manteniéndome en línea con la sustancia del juicio (4 casos de derechos humanos), me parece increíble cómo, en un afán de figuración mundial (que han logrado), el Poder Judicial y el juez San Martín han impuesto la máxima pena al acusado, aun por encima de lo que los propios fiscales esperaban. Esto se explica, en mi opinión, por la forma pendular como siempre en el Perú andamos haciendo las cosas, de un extremo al otro.

Nos tambaleamos desde el extremo de ser la más misia republiqueta bananera, incapaz de solucionar problemas básicos y mantener a casi el 50% de nuestra población en pobreza, hasta el otro extremo de jactarnos de dictar medidas que no se darían en Suiza, Finlandia ni Alemania. Qué bien que el mundo mire hacia nosotros por un fallo que no se habría dado ni en los países mencionados; tan papista ni el Papa; cinco agencias internacionales de noticias hicieron 37 envíos desde el Perú. ¡Wow, felicitaciones Perú!

Mientras tanto, la persona que salvó al país de la bancarrota y nos devolvió al Perú de una situación en la cual prácticamente la única solución era el éxodo de una realidad polpotiana/senderista está condenada prácticamente a cadena perpetua (considerando su edad y la extensión de la pena), al igual que Abimael Guzmán, quien debe de estar festejando. Ya sé que ese no es el punto y todos felicitan a Fujimori por lo bueno que hizo, pero ese conjunto de teorías, supuestos, asunciones, artículos de periódico y teorías de que “él debió saber lo que hacía Colina o Montesinos (...)” –con que pretenden acusarlo por los crímenes de La Cantuta, Barrios Altos y el secuestro de un periodista y un empresario– es , por decir lo menos, una gran y exagerada cojudez. Eso, lo único que va a lograr, además de satisfacer a la comunidad caviar del Perú, dándole el orgasmo de la venganza realizada (por haberlos barrido en las urnas y desaparecido por 10 años de la escena pública), es darle un empujoncito más a la candidatura de Keiko, que de la mano de ese fortalecido fujimorismo asumirá las riendas del poder en el 2011, no sin antes haber recibido del Apra un indulto a la pena del padre. Buena.


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