Domingo 27 de mayo del 2012 | 18°
El título podría ser una recomendación contenida en las guías de sexo de Perú.21, pero no se trata de eso. Más bien es la descripción hecha durante el último CADE por uno de nuestros más exitosos empresarios, Dionisio Romero, sobre la posición que el sector privado peruano tenía que adoptar para poder sobrevivir durante el período de asfixiante intervencionismo estatal, que terminó en el '90 pero que duró 30 años. Ese período nacido del oscurantismo –y que fue un brutal fracaso– tiene que ser frecuentemente recordado para evitar que reviva como un vampiro. Incluso, la tendencia intervencionista puede brotar del subconsciente de algunos sin que siquiera se den cuenta. Hace pocos días el presidente García reclamó airadamente a los empresarios el no haber cumplido con sus inversiones cuando el Estado sí estaba cumpliendo con las suyas. El comentario parecía salido de los desayunos con los apóstoles realizados hace más de 20 años atrás, cuando el Gobierno les exigía que se acomoden a los empresarios. Por otro lado creo que, en lugar de reclamar y arengar, el presidente debería reflexionar sobre el decepcionante comportamiento de la economía peruana que, hace un año, nació de la falta de acción gubernamental. Ahora que la crisis externa va tocando fondo, aunque todavía hay sustos como Dubái, se está repitiendo el escenario con el Gobierno confiando en un crecimiento de hasta 6% pero sin hacer nada nuevo para lograrlo. Corriendo de esa manera el riesgo de que termine siendo la mitad de lo esperado. Vemos, por ejemplo, que no se toma muy en serio a los agitadores en las regiones, la PCM responde tarde y sin convicción a cada nuevo conflicto o explosión en lugar de tratar de solucionarlos rápidamente, ya que están afectando la entrega de concesiones, el desarrollo de proyectos mineros y hasta la inversión pública en muchos lugares. Considerando que a partir de julio arranca la campaña por las elecciones regionales, seguida por las presidenciales, va a ser casi imposible, a partir de entonces, lograr que salga adelante cualquier cosa, por ello, si no se apuran, perderán prácticamente dos años. Asimismo, en el lado tributario se insiste en implementar en solo 30 días un complejo impuesto a la ganancia de capital que parece que ni la Sunat sabe cómo aplicar y que todos concuerdan en que va a generar un montón de ruido pero que no va a recaudar. Más aun, tenemos la bolsa más rentable del mundo este año, lo cual ayuda a recuperar el optimismo; sin embargo, el Gobierno ha decidido echarle un frío baldazo y reprimir el entusiasmo, tal cual lo hizo hace poco más de un año con el enfriamiento en el momento equivocado. Finalmente, es bueno recordarle al gobernante que no se debe preocupar tanto por el monto de la inversión de cada empresario, sino por ayudar a crear las condiciones para propiciar un aumento generalizado de la inversión en el mercado, y eso se logra eliminando sobrecostos innecesarios. El presidente no debe repetir el error de hace 20 años de creer que lo logra simplemente arengando.