Domingo 27 de mayo del 2012 | 18°
El presidente Alan García reconoció ayer, en Cangallo, que “la población está incómoda” pero que no por ello está buscando volver al modelo estatista. Tiene razón. Sin embargo, persiste la inquietud por la coexistencia del progreso económico con el malestar social, sobre por qué somos la estrella de la región pero con la población más descontenta de América Latina por el funcionamiento de su democracia y de su economía. La respuesta obvia es que, si bien estamos mejorando –la última reducción de la pobreza en cinco puntos fue relevante–, no todos los peruanos sienten que el progreso los beneficia en la misma proporción. El mapa político indica que mejor se sienten los de Lima y la costa norte, y peor los del ande, el sur y la Amazonía. Es decir, el mismo mapa de la última elección. ¿Por qué, luego de tres lustros de crecimiento, con algunos períodos en los que parecemos chinos, persiste tanto descontento? Identificar la respuesta correcta es relevante pues esta definirá la estrategia a seguir. Hay varias y para todos los gustos. Desde baja eficiencia de los programas sociales; dificultad para concretar el gasto y la inversión pública; falta de reformas profundas en sectores –como educación, salud, seguridad o justicia– cruciales para la calidad de vida del peruano pobre; o la versión más oficialista del 'complot comunista’. Otra explicación de la frustración de mucha gente –quizá más relevante para entender el corto plazo– es que no se resuelven problemas básicos y urgentes que afectan directamente sus vidas, y que demandan una solución pronta de la autoridad. Y como esta observa su drama con indiferencia, se refuerza la sensación de que 'el sistema no funciona’, y de que la única manera de llamar su atención es con una medida de fuerza, que no se puede justificar pero sí entender. Si el combo 'progreso económico con malestar social’ no se empieza a resolver pronto, podríamos llegar al año 2011 en condiciones sociales y políticas parecidas a las de la elección del 2006, aunque con más medallitas de buena conducta en el pecho. Lo malo es que estas no llegarían a convencer a muchos peruanos de que si bien al primer gobierno de Alan García se le pasó la mano por la izquierda, al segundo se le habría pasado la mano por la derecha.