Domingo 27 de mayo del 2012 | 18°
Siempre son sorprendentes los destinos de los gobernantes. Viendo a García junto a Obama, pareciera que la suerte de ambos ha seguido senderos totalmente diferentes. Mientras García es la imagen de la prosperidad, de la satisfacción y, evidentemente, ha crecido en todo sentido desde que fue elegido, el pobre Obama da la impresión de que se ha consumido. Por otro lado, pese a que García ya está entrando en la recta final de su mandato, aún no nos acostumbramos a las alabanzas a su “manejo económico acertado e inteligente”. Cuando las escuchamos, lo primero que pensamos es “¡Cómo ha cambiado!”. Pero, al César lo que es del César y, sin duda, ha acertado en la elección de sus colaboradores en economía y ha tenido el tino de no interferir demasiado, por lo que se merece reconocimientos como el que Obama ha efectuado. Sin embargo, al hacer un balance de su gestión, en lo que menos se ha avanzado es en reformar el Estado. Todavía tenemos demasiadas instituciones ineficientes, especialmente donde el complemento estatal es más necesario. Incluso, aquellas instituciones que sí cumplen con su función, como el Banco Central, tienen debilidades, como el nombramiento simultáneo de todos sus directores, lo que las vuelve vulnerables frente a cada nuevo gobernante. Adicionalmente, el estímulo fiscal para paliar la crisis internacional reafirmó la rapidez con la que el Estado peruano puede desperdiciar recursos que le han tomado años de sacrificio acumular. En suma, todavía tenemos un aparato estatal que gasta muy mal y una estabilidad económica que no se puede garantizar. Por ello, hace bien el Gobierno en plantear un aumento en el número de entidades y programas sociales sujetos a un presupuesto por resultados para el próximo año. Sin embargo, creemos que se podrían incrementar aún más. Asimismo, debería aprovechar los últimos días de esta legislatura para insistir en aprobar la rotación anual de un director del ente emisor para cortar la dependencia con el ciclo gubernamental y otorgarle más autonomía al Banco Central. También se podría insistir con la ley que establece sanciones por el incumplimiento de la regla fiscal. Ambos casos fueron aprobados en primera votación y, luego, fueron encarpetados. Ahora que ya no tendrán efecto práctico durante este mandato, bien podrían aprobarlos e incrementar la posibilidad de poder asegurar un manejo económico inteligente y acertado.