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Accidentes de tránsito: violencia inconsciente

2009/09/22
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“José creyó que podía pasar al camión antes de la curva. Se equivocó. El accidente fue fatal para él y otros 15 pasajeros”. Los accidentes de tránsito –como el secuestro y el crimen organizado– son expresión de violencia, aunque con un tinte más privado. No se arregla con multas ni con prisión, sino con una comprensión integral del problema, donde los aspectos emocionales de los conductores deben ser preferentes. Freud señalaba la existencia de contenidos inconscientes reprimidos que se expresan a través de síntomas, sueños, actos fallidos. Estos últimos son aquellos errores, olvidos o equivocaciones que no son tales porque, en realidad, tienen un sentido oculto –inconsciente–. Los accidentes, en lo aparente, pueden verse como producto de imprudencias pero, en realidad, representan una salida violenta de lo inconsciente, de lo reprimido. Como si lo amarrado con mil candados se desatara sin que el sujeto tomara conciencia de ello. Los accidentes de tránsito serían, entonces, expresión de los conflictos internos de los conductores. Algo así como si estuvieran gobernados por una meta inconsciente que sigue una ruta que concluye cuando se produce el accidente. ¿Qué emociones inconscientes habrían detrás de un accidente de tránsito? Probablemente autocastigos derivados de sentimientos de culpa, rabia proyectada al exterior, suicidios involuntarios, microsuicidios. Nada extraño en una sociedad donde los hogares son fábricas de seres sufrientes y violentos. El psicoanalista Julio Granel postula que se presentan hasta cuando el sujeto quiere hacer cambios favorables en su vida. Como si el factor de naturaleza dolorosa se negara a desaparecer de la persona. La tarea del Estado: la preocupación permanente por la salud emocional de los conductores, y para ello no bastan los test psicológicos.