Domingo 27 de mayo del 2012 | 18°
La versión convencional de la historia de la actual crisis financiera mundial indica que esta se habría desatado el lunes 15 de setiembre de 2008, al anunciarse la quiebra de Lehman Brothers. Esta versión insinúa, por tanto, que habría sido un error dejar caer a este banco de inversión, cuyo volumen de actividad era similar al PBI de México. Sin embargo, el economista John B. Taylor ha revisado la evolución que tuvo entre setiembre y noviembre pasados la tasa de interés a tres meses Libor-OIS –que combina las tasas Libor (London Inter-bank Offered Rate) y OIS (overnight index swap)–, llegando a una conclusión muy diferente (Getting Off Track, Hoover, 2009). Según este análisis, la quiebra de Lehman Brothers tuvo, definitivamente, un impacto en los mercados financieros. Sin embargo, dicho impacto es minúsculo en comparación con el que habría tenido en esos mismos mercados la reacción del gobierno federal de los Estados Unidos frente a dicha quiebra. La disparada de la tasa Libor-OIS no empezó tanto el lunes 15 de setiembre ya mencionado sino recién una semana más tarde, el martes 23 de setiembre de 2008, luego de la presentación ante del Congreso de los Estados Unidos del Testimonio Bernanke-Paulson –de la Reserva Federal y del Tesoro–, anunciando el “bailout”. Fue a partir del anunció de este “paquete de rescate” –ascendiente a US$700 billones (americanos)–, sustentado en un memorándum de apenas dos páginas y media, que los mercados financieros mundiales entraron en una espiral de pánico en las siguientes tres semanas. En los meses posteriores, los mercados financieros se han mantenido inquietos, generando ya una clara tendencia a la disminución de la actividad económica en la mayoría de los sectores de la economía. Son pocos los sectores que aún escapan de esta tendencia. El estudio de John B. Taylor pone sobre la mesa una cuestión básica que deberían tener presente, en estos momentos, las autoridades económicas y financieras: es muy importante no actuar desesperadamente. Cuando las cosas no están claras, resulta preferible abstenerse. En las crisis, como decía Piérola, “abstenerse es obrar” Las intervenciones gubernamentales en los mercados deben estar bien sustentadas, y deben tener una lógica clara y consistente. Además, deben transmitir una sensación de respeto por los mecanismos de mercado, que no son otra cosa que los individuos decidiendo sobre lo que les pertenece. Lo peor que pueden hacer hoy los políticos de primera o de segunda fila es aprovechar el pánico para echar mano sobre lo que no les pertenece. Si lo hacen, parapetados como están en sus temporales puestos de poder, los mercados seguirán reaccionando a ello. Y será bueno que lo hagan.