Además:

1984, pesadilla municipal

2009/08/08
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María vive hace años en Chorrillos, distrito que, al igual que el resto de Lima, ha crecido de manera desordenada, convirtiendo nuestra capital en una hostil ciudad que agrede a sus habitantes con un ensordecedor tráfico y sin parques decentes para escapar. Pero la casa de María estaba en una isla de tranquilidad, ya que los vecinos cuidaban de 130 árboles, a lo largo de seis cuadras, con los cuales se habían aislado de la caótica realidad del resto del barrio. Una noche, María se acostó y en sueños sintió ruidos extraños, como si estuvieran cortando algo, por lo cual no durmió bien, aunque tampoco se despertó. En la mañana se levantó y se dio con la sorpresa de que alguien la había mudado. Ya no vivía en el agradable rincón verde por el que tanto había trabajado, sino que ahora vivía en medio de una desnuda avenida totalmente atiborrada de tránsito. Su casa ha perdido, de un día para otro, la mitad de su valor y su vida se ha desplomado. La pesadilla de María le puede ocurrir a cualquiera, ya que al alcalde de Lima le importa un comino el derecho de los vecinos a defender su calidad de vida y cree, como los personajes de Orwell, que el Estado puede hacer lo que le da la gana con sus ciudadanos. Incluso tendrá su cálculo electoral, ya que no le importa malograr el hábitat de cien familias supongo que pensando en que la población agradecida –cuando no tenga que usar las incómodas combis, de llegar el Metropolitano– de seguro lo reelegirá el próximo año. Por ello, para el alcalde no tiene ningún sentido consultar con los vecinos. No vaya a ser que uno de ellos sea un abogado que le ponga un recurso de amparo, logrando que algún desconsiderado juez ordene un desvío, obligándolo a gastar más y postergando el cronograma electoral del proyecto. Tanta molestia solo para no perjudicar a un grupo de ciudadanos. Así que, para evitarlo, lo mejor es talar los árboles sin aviso previo, entre gallos y medianoche, como los rateros, pero, eso sí, con una protección policial que ya hubieran querido tener en ese peligroso barrio durante los últimos 30 años. Así que, asunto solucionado, y como el alcalde parece estar hecho de teflón, un par de días de mala prensa nunca se le han pegado. Más bien, ya estará tomando su siguiente paso donde, de seguro, habrá otro atropello a algún pobre ciudadano por el delito de interponerse en el camino del progreso (electorero).