Sábado 26 de mayo del 2012 | 19°
En el homenaje a Estuardo Núñez en la U. Ricardo Palma, realizado en 2006, Marco Martos, en nombre de la Academia Peruana de la Lengua y de la U. de San Marcos –dos instituciones a las que la vida de don Estuardo está profundamente ligada–, recordó que lo conoció en los pasillos de la Facultad de Letras de San Marcos, rodeado con frecuencia por jóvenes que querían saberlo todo. “¿Usted conoció a Eguren? ¿En qué circunstancias? ¿Es cierto que Isa Jara, en las etapas difíciles del poeta, se convirtió en una mecenas secreta para el propio escritor? ¿Vio alguna vez a Vallejo? Cuéntenos cuando ocurrió ese hecho. ¿Es verdad que Vallejo llegó a leer el libro que usted escribió en 1938 sobre la poesía peruana? ¿Es verdad que usted fue compañero de Emilio Adolfo Westphalen y de Martín Adán en el Colegio Alemán? ¿Por qué le decían a Westphalen 'El Mudo’? ¿Cómo era la máquina de escribir que le compraron sus padres a Martín Adán? ¿Cómo hizo usted, siendo tan amigo, para escaparse de la vida bohemia de Martín Adán?”. Es que, desde sus años juveniles hasta hoy, a sus 100 años recién cumplidos el 5 de setiembre y que celebramos desde esta columna, don Estuardo ha sido actor y testigo de la historia literaria y cultural del siglo XX. Fue compañero de carpeta y amigo de Martín Adán, Emilio Adolfo Westphalen y Xavier Abril, y estaban todavía en secundaria cuando conocieron a José María Eguren y lo visitaban los domingos. Luego ingresaron a la universidad y empezaron a asistir a las tertulias en la casa de Mariátegui. “Como Mariátegui sabía que nosotros conocíamos idiomas (alemán e inglés), nos entregaba libros nuevos que venían en idioma extranjero para que nos ocupáramos de ellos y escribiéramos notas críticas para Amauta”, recordaba don Estuardo en una entrevista (Cathedra, 1998). Y son muchas las entrevistas que ha brindado; muchas las respuestas que, infatigable y generosamente, nunca se ha negado a dar a los jóvenes que quieren saberlo todo, porque el afán de saber fue y es su afán, como lo demuestra su quehacer intelectual incansable, pródigo y pleno de aportes que se nos presenta como un ejemplo de lo que debe ser, en palabras de Marco Martos, un académico: “Disciplinado, metódico, original, incisivo”. Gracias, don Estuardo, por todo lo que nos ha enseñado.