26.JUL Miércoles, 2017
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Marcela Castillo, la chica a la que no le gusta pelear es medallista mundial en taewkondo [CRÓNICA Y FOTOS]

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La primera vez que escuchó de este deporte, Marcela apenas sabía sumar. Con solo cinco años, ingresó al taller de taewkondo que su colegio abrió.

Pablo Vilcachagua

Pablo Vilcachagua

@pablovil

Marcela Castillo Tokumori conoce casi un centenar de golpes y movimientos que harían temblar a cualquiera. Bastaría que sus ataques tengan un oponente para enviarlos al suelo, pero ella indica que no le gusta pelear. Está segura de eso y el tiempo le ha dado la razón. Con 24 años, es la segunda mejor del mundo en Poomsae, una de las modalidades de taewkondo que premia la perfección de las formas.

La primera vez que escuchó de este deporte, Marcela apenas sabía sumar. Con solo cinco años, ingresó al taller de taekwondo que su colegio había abierto en el verano del 98. Dice que lo hizo también para no separarse de su único hermano, pero bastó una temporada para enamorarse de este deporte. No lo hizo en la modalidad de pelea, sino del Poomsae, la rama donde se evalúan al detalle los movimientos.

Vida de campeona

Marcela tiene el pelo corto y su sonrisa acapara gran parte de su rostro. Habla con soltura y su talento es tan notable que hasta sus brazos están sincronizados con su voz. Tiene ojos grandes y no pasa el metro setenta de estatura, como si eso importara para sus aspiraciones. Se graduó de ingeniera hace poco, pero ni por un segundo ha pensado dejar el Poomsae.

Una foto del tamaño de una casa da la bienvenida a todos los que ingresan al polideportivo número 3 de la Videna. Marcela es la protagonista, mejor dicho, su pierna derecha que se alza hasta la altura de su cabeza en un movimiento de 180 grados que dejaría sin cadera a cualquiera. La federación la colocó allí antes del Mundial de Poomsae del año pasado, como motivación para los más de 50 atletas que practican taewkondo en ese escenario cada día. Marcela es una referente y –aunque ella no lo tome en cuenta– los demás practican siempre mirándola.

Luego de hacer un calentamiento, Marcela se sienta en el piso acolchonado del polideportivo. Conoce de memoria estas instalaciones y es que, desde los 13 años, integra la selección peruana de Poomsae. A los 14 viajó a su primer mundial en Corea y llegó hasta la final. ¿Qué mejor inicio que ese? “Estuvimos un mes entrenando allá. Me dio una perspectiva distinta de este deporte y llegar a la final me animó bastante para seguir”, cuenta sobre el torneo. Tuvo un punto extra: sus padres la acompañaron.

Desde aquella vez, Marcela asistió a seis mundiales, pero no volvió a pisar otra final hasta el año pasado. El 10th World Taekwondo Poomsae Championships realizado en Lima sirvió para que toque la gloria.

Movimiento final

El 2 de octubre llegó su turno en el Mundial. La categoría femenina senior había logrado encender al público que abarrotó el polideportivo 1 de la Videna. Marcela no tenía nervios, respiraba tranquila junto a See Hoon Jang, un coreano campeón mundial que por aquel entonces era su entrenador. Nina de Noruega fue su primera víctima y Mayra de Nicaragua, la segunda. Todo iba según lo estimado, hasta que llegó Yeo-won de Corea de Sur, la representante de la nación que creó el taekwondo.

Cuando parecía que Marcela había tocado el techo, aparecieron aún más las ganas de luchar y venció de forma contundente. “No lo creía, Corea siempre gana los mundiales”, dice aún incrédula. Con la victoria, Perú ya se había asegurado el podio, pero para llegar a la final había que vencer a Irán. Ante Marjan Salahshouri, la joven nacional fue aún mejor. Triunfo. Turquía ya esperaba en la final.

Marcela inició su turno impecable. Su respiración corría a la velocidad de sus extremidades y sus patadas y vueltas dibujaban en el aire constelaciones perfectas. Todo así hasta el segundo 43, cuando su pie izquierdo trastabilló. Marcela perdió el equilibrio por primera vez en toda la tarde. A pesar de que su tobillo solo estuvo tres segundos vacilando, en Poomsae eso es determinante. A su turno, la turca Elif Aybuke y su cabellera rubia no se equivocaron nunca.

“No podía asimilar el momento, mentalmente estaba cansada”, confiesa la peruana sobre aquel trastabilleo que la alejó del oro. “Me dio rabia por todo el esfuerzo que había hecho antes”, se lamenta a pesar de que no tiene que hacerlo: acabó como la segunda mejor del mundo.

Laureles para ella

El 9 de mayo de este año, Marcela dejó por unas horas el uniforme de Poomsae para vestir un sastre. Lo hizo porque no todos los días una deportista recibe los Laureles Deportivos. Acompañada de unos padres que con el pecho inflado hacían esfuerzos para no llorar, fue homenajeada por el Instituto Peruano del Deporte en el Estadio Nacional.

Mientras veía cómo su nombre ahora podía ser reconocido desde la calle José Díaz, Marcela recordó el día en que comenzó a entrenar, pero sobre todo el mes y medio previo al Mundial, tiempo en el que tuvo que pedir un permiso en su trabajo para dedicarle 12 horas diarias a este deporte y las tres últimas semanas, cuando se internó en la Videna para practicar de 6 de la mañana a 10 de la noche. En su mente también estuvieron Winnie Yi Wu y Bruno y Renzo Saux, sus compañeros desde hace 9 años en esa aventura llamada Poomsae.
“Tuve que dar unas palabras y se me quebraba la voz, sobre todo por ellos, por mis papás, por mis entrenadores, por todos los que siempre están conmigo”, dice, con la voz entrecortada, la joven campeona que se metió a todo esto porque no quería pelear.


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