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Alonso Cueto: "Estoy embarcado en una novela histórica sobre la Perricholi" [ENTREVISTA]

El destacado escritor peruano revela que no le queda mucho que escribir sobre Sendero Luminoso nos habló de su nueva obra ‘La segunda amante del rey’.

La entrevista tuvo lugar en la tienda de Íbero Librerías del C.C. La Rambla. (Perú21)
La entrevista tuvo lugar en la tienda de Íbero Librerías del C.C. La Rambla. (Perú21)

El escritor Alonso Cueto habló con Perú21 sobre su última novela ‘La segunda amante del rey’ (Random House), así como de su interés por seguir explorando en el universo femenino y reveló que incursionará en la novela histórica con una obra que viene alistando sobre la Perricholi.

Encuentro que en ‘La segunda amante del rey’ se han dejado de lado las lecturas políticas que había en otras novelas suyas, ¿ha cerrado el ciclo de estos en su narrativa?

-Eso nunca se podría decir. Creo que ya he escrito cuatro libros el proceso de Sendero Luminoso, creo que por ahí me queda poco que decir. Pero hay tantos otros aspectos de la vida de los peruanos. Ahora estoy embarcado en una novela histórica sobre la Perricholi, en el siglo XVIII.

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¿Podríamos decir que ha dejado de lado el conflicto interno de la política por embarcarse en el conflicto interno del ser humano?

-Del ser humano en sociedad, las relaciones dentro de una estructura social. El personaje de esta novela viene de una clase media baja, llega a un nivel social más alto a través del matrimonio y se siente aferrada a este mundo de la clase alta, con sus propiedades, sus apariencias, sus conductas. Este es un tema que me interesa mucho ahora, el tema de los movimientos sociales, del arribismo. Claro que un escritor nunca escribe sobre temas, sino que lo más importante es que cuente historias, que diga qué pasa con los personajes, qué quieren, qué obstáculos tienen y a quiénes se enfrentan. La idea no es ilustrar un tema, sino contar una historia donde los temas puedan aparecer.

¿Y la clase media, con todos sus matices, es el gran escenario donde le interesa desarrollar sus historias hoy en día?

-Me interesan todas las clases sociales y las relaciones entre ellas. Es un tema que me llama la atención desde siempre. Vivimos en una sociedad limeña en la que hay unos cambios, con clases emergentes que quieren llegar a una situación de éxito. Y ese es un gran tema de los últimos años en la sociedad peruana. Se ha ampliado la clase media, hay aspirantes a la clase alta, hay nuevos ricos y los ricos tradicionales reaccionan contra estos nuevos ricos. Hay una serie de nuevos conflictos que me aparecen fascinantes para un escritor.

Un patrón clásico en todas sus novelas son los personajes femeninos. Por mencionar algunos están Gabriela Celaya (‘Grandes Miradas’), Miriam (‘La hora azul’), Delia (‘La pasajera’). ¿Busca construir una lectura de la sociedad peruana a través de la mirada femenina?

-A mí me atrae mucho el universo femenino, me parece que las mujeres en general viven las relaciones más a fondo que los hombres. Creo que los hombres estamos encerrados en nosotros mismos, las mujeres son más capaces de proyectarse hacia otras personas. Esta es la razón por la que hay mujeres que son muy buenas periodistas, maestras y comunicadoras. Por ejemplo, las secretarias que en una oficina deben comunicarse con los demás, es un papel que hacen mucho mejor las mujeres que los hombres. En el caso de la detective es una mujer, y creo que las mujeres hacen buenas detectives porque son más perceptivas. Una mujer es capaz de entrar a una habitación y darse cuenta si han cambiado las flores, si hay un adorno nuevo. Son más capaces de percibir los detalles.

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Ya que hablamos de los personajes femeninos. Entiendo que usted ha estudiado mucho a Juan Carlos Onetti pero sus obras tienen que ver más con Henry James que trabaja la psicología de la mujer. ¿Se apoya en él?

-Bueno, sabes que para mí Henry James es un gran escritor. Hay muchos grandes escritores pero para mí uno de los que más me ha dicho cosas desde mi punto de vista es Henry James. Creo que esta capacidad por percibir el mundo con tantos matices, con tantos detalles, esto es lo que más me fascina de los personajes femeninos.

Pero lo que me llama la atención es cómo construye la capacidad reactiva de sus personajes femeninos antes las afrentas que tiene. En su obra he detectado el revanchismo, la resignación, la reconciliación, el arribismo…

-Creo que una de las relaciones más intensas que hay es una relación de amistad entre mujeres o la de una madre con una hija. Creo que la relación de un padre con un hijo es con condiciones, hay competencia. Pero cuando hay una relación entre hermanas es mucho más intensas que la de los hombres que tienden a aislarse, a ser solitarios.


Y ahora está alistando una novela histórica.

-El Perú tiene una gran historia, tiene una historia fascinante. Tuvimos grandes culturas precolombinas, muy sofisticadas, muy complejas. El Imperio Incaico logró algo que pocos han logrado, que por lo menos todo el mundo se alimente, que todo el mundo pueda comer en los confines del imperio. Eso es algo que pocos sistemas políticos han logrado. Tuvimos a los Mochica que adoraban a la luna, que privilegiaban a las mujeres, los Incas adoraban al sol y privilegiaban a los hombres. Además de los Nazca, los Paracas, los Tiahuanaco. Luego tuvimos una conquista traumática, terrible y una época colonial riquísima. Hay que tener en cuenta que el siglo XVII Lima era una de las capitales del mundo y lo siguió siendo hasta el siglo XVIII. A mí me fascina la importancia y el peso que tiene la historia. Me parece que en la colonia hay dos grandes personajes que son Santa Rosa de Lima y la Perricholi, dos mujeres que representan a la santidad y a lo mundano. La Perricholi es un ejemplo de lo mundano, pero es un gran personaje y estoy escribiendo una novela sobre ella. Es el primer personaje limeño que entra en la consciencia europea.

¿Cómo se refleja eso?

-Porque después que ella muere Prosper Mérimée escribe una novela, Jacques Offenbach escribe una ópera, se dice que Bizet se inspira en ella para “Carmen”, hay una película de Renoir. O sea que la Perricholi es un gran personaje y me interesaba mucho descubrir quién era.

Me enumeró muchas cualidades del Perú precolombino, pero lo veo más entusiasmado con el Perú que nace a partir de la conquista.

-Porque es muy difícil hacer una novela sobre los Mochica o los Inka porque no tenemos documentos muy precisos sobre la vida cotidiana en esas épocas. Sin embargo, he leído hace un tiempo la novela de un francés sobre una historia policial en el Imperio Inca de detectives comandados por incas. Pero es un poco especulativo. Y luego nuestro amigo Luis Enrique Tord.

Entiendo, entonces, que usted asume que los textos fundacionales del Perú vienen del Inca Garcilaso en adelante.

-El drama peruano nace realmente ahí. La conquista es lo que hace en que seamos lo que somos ahora. Nuestra identidad está cifrada en ese cruce que se produce a comienzos del siglo XVI. Y estamos viviendo los rezagos de eso. Pero tenemos que darnos cuenta de que somos un gran país. No sé cómo los escritores podemos crear consciencia de que nuestra historia es grande. Claro, hablamos de la gastronomía, pero nuestra cultura, nuestros personajes.

Pero nos andamos refundando constantemente. A inicios del siglo XXI la elaboración del Informe Final de la Comisión de la Verdad dio pie a muchas novelas, creo que algunas de las suyas se circunscriben ahí.

-Yo no me basé en la Comisión de la Verdad pero sí creo que me ayudó a encontrar una serie de datos.

Pero yo creo que muchos de los escritores de la hornada actual sí lo han hecho. ¿Podemos hablar de que ese informe sea el texto fundacional del Perú siglo XXI?

-Creo que hay dos grandes eventos en la historia del Perú republicano. La guerra con Chile en el siglo XIX y la guerra con Sendero Luminoso en el siglo XX. Las dos ocurren en la segunda mitad y las dos revelan nuestras carencias, nuestras limitaciones, las limitaciones de nuestros gobiernos y nuestras clases políticas. Tenemos mucho que aprender todavía de lo que pasó en aquellos años. Diría que son acontecimientos que todavía tienen consecuencias. Poco a poco, creo que en el Perú hay menos racismo y menos discriminación. Pero no la hay como cuando yo era joven. El día que la gente de San Isidro baile el Huaylas estaremos un poco mejor.

Déjeme preguntarle por otros autores. Pienso en Diego Trelles, Richard Parra, en Alejandro Neyra…

-Bueno, creo que la literatura peruana sigue renovándose. Están los que mencionas y están Jeremías Gamboa, Johan Page, Luis Hernán Castañeda, Renato Cisneros, está Katia Adaui…

Da la impresión de que cuantitativamente la narrativa está en su mejor momento, ¿pero cualitativamente también?

-Eso ya dependerá de cómo los libros continúen sus vidas. Yo no creo que el futuro de la literatura lo decidan los críticos ni los profesores de literatura. Los lectores son los que deciden qué libros van a sobrevivir y eso es algo que veremos en las próximas décadas.

Pero sí han cambiado mucho los intereses en la literatura. Ya nadie está buscando la “novela total” que te tiene que explicar a la sociedad.

-Claro, en la época de Vargas Llosa, Carlos Fuentes, García Márquez, lo del Boom, había la idea de que un libro te enseñaba lo que es América Latina. Esa idea ya quedó de lado. Ahora la gente escribe desde su experiencia, desde su perspectiva, ya nadie escribe pensando en que una novela es el reflejo de su país. Me parece que las dos opciones son válidas. Y hay novelas íntimas, que podrían ocurrir en cualquier país.

¿El minimalismo es la tendencia?

-Cada uno tiene que escribir como le sale. Escribir es el momento de la verdad. Con la verdad no hay cuentos chinos. El escritor que quiera escribir para tener éxito, complacer o vender libros, está perdido. Uno tiene que escribir de lo que le sale del forro.

Y se han diversificado las fuentes. Antes uno escuchaba a los escritores hablar de Faulkner y de Dos Passos, pero hoy hablan de archivos periodísticos, del diario personal e incluso de la tecnología.

-La literatura no cambia demasiado. Creo que siempre los que leen han sido pocos. Ahora se publican muchos más libros. Lo más importante cuando se escribe que se haga de lo que le nace. Escribir es negociar con el inconsciente. Y cuando un lector lee, está enfrentándose también a su dimensión más esencial. Yo siempre pienso que las encuestas no deberían ser cuáles son los libros preferidos, sino cuáles te hicieron llorar, cuáles te conmovieron.

¿A usted cuáles lo conmovieron?

-Bueno, ya que estamos en eso. A mí me hizo llorar ‘Los Miserables’ de Víctor Hugo, cuando muere Jean Valjean. Recuerdo que estaba en casa de mi entonces novia, hoy esposa, me eché a llorar. El final de ‘Crimen y Castigo’ de Dostoievski, ‘Los papeles de Aspern’ (Henry James). Cuando un final te hace llorar es porque la novela es buena. Hay que hacer una antología de las lágrimas.

Datos

- Alonso Cueto es profesor de la PUCP y ganador del Premio Anagrama.

- Cuatro de sus novelas han tenido adaptaciones cinematográficas.

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