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24.JUL Lunes, 2017
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2017-07-09

Ante la posibilidad de un indulto al ex presidente Alberto Fujimori, el viernes se realizó una marcha contra la misma por el Centro de Lima. La movilización se organizó en pocos días, para realizarse un viernes en la noche, y logró captar adeptos y la atención de los medios. Los organizadores, es verdad, no son ajenos a la producción de estas demostraciones, pero mientras para los organizadores y sus seguidores la marcha fue multitudinaria, para los fujimoristas no fue más que unos cuantos rojetes, nada de lo que habría que preocuparse.

UNO En este antiguo aparador de pino se guardan regalos de matrimonio que mis padres nunca usaron. Elegantes juegos de porcelana de cientos de piezas que se quedaron en sus cajas durante décadas, manteles de encaje inmunes al paso del tiempo, cuchillería reservada para una ocasión tan especial que no llegó jamás. Mi graduación, tal vez. Quizá, mi boda. Hoy he decidido sacarlos, desempolvarlos por fin y darles alguna utilidad en este almuerzo dominguero –un poquito desconcertante– que he organizado. Digo desconcertante porque hace bastante tiempo que me jubilé del pesado cargo de alma de la fiesta, renuncié a la dura tarea de ser el tío favorito y agradar. Veinte años atrás, me desvivía en multitudinarios agasajos y toda suerte de parrilladas y cenas danzant. Ya no. He aprendido que, en aras de la paz y la concordia, no hay mejor reunión familiar que la que se evita. Menos bulto, más claridad. Y, sin embargo, aquí me tienen, de nuevo, lavando copas, seleccionando vinos y cortes de carne, doblando servilletas de tela, de oferente del banquete. Este año, no sé por qué, me asaltó la idea de invitar a un pequeño grupo a celebrar. Pequeño sí, porque ya no tengo la paciencia necesaria para satisfacer las demandas de tantos al mismo tiempo, como quien atiende en una ventanilla de servicio al cliente. Me doy perfecta cuenta de que no es casual. Que esta insólita reunión suceda en la semana del Día del Maestro, 6 de julio, día del cumpleaños de mi madre. Ya sé qué me van a decir, que no tiene sentido celebrar un año más de vida de quienes ya hace muchos años que partieron pero, al final, el santo se convierte para uno en fecha histórica y, pasados los años, conforme el duelo va restañando y volviéndose parte de la cotidianeidad, conforme las misas de honras se hacen cada vez más improbables y las visitas al cementerio más esporádicas, lo único que te nace es convocar a unas cuantas personas, destapar un par de buenas botellas que hagan florecer las risas y brindar por las memorias felices de los que no regresarán. A mi mamá le fascinaba inventar fiestas por ninguna razón en particular. Incluso en las épocas más ásperas y de mayor austeridad, se las arreglaba para organizar celebraciones con cualquier pretexto y con cualquier presupuesto. Vengo de una de esas familias bulliciosas en las que todo el mundo se metía a la cocina al mismo tiempo a terminar de preparar la ofrenda frugal que buenamente trajo desde su casa. Y en medio de esas tremendas bataholas, mi madre era siempre la mariscala de campo que dirigía a las tropas con dirección al objetivo final: los bocaditos, los cócteles y las viandas. Es por eso que este domingo de invierno, he vencido a mi proverbial flojera de la vida para echarme a la espalda las labores de producción de un discreto festín para diez personas. Que la providencia me asista en tamaña empresa. Hoy voy a ofrecer un almuerzo en tu nombre, Zoila Irma, ¿qué te parece? Haremos salud con un buen pisquito quebranta y freiremos picarones con miel de higo en el jardín. Es una de las pocas, humildes formas que he encontrado para conjurar la larga noche de tu ausencia.

El sábado pasado fue la marcha del Orgullo LGTBI y aunque mi familia y yo no pudimos participar por encontrarnos fuera de Lima, estuvimos acompañándolos desde lejos. En 1987, en Washington, medio millón de personas se daban cita para defender su derecho a vivir sin importar su identidad sexual en “La Gran Marcha” –como es ahora conocido este suceso–. De acciones puntuales se pasó a tener presencia masiva en las calles. Esto mismo está ocurriendo en nuestro país.

Caretas me quiso endilgar la concha de la semana –por argumentar que Fujimori es un chivo expiatorio–, pero no la acepto por falta de méritos. Algo que les sobra a sus editorialistas, así que seamos generosos: si se presentan al Festival de San Sebastián con la obra “Los conchudos” de Sofocleto, no dudo de que se llevarían el máximo galardón, la Concha de Oro.

Dos notas de Perú21 motivaron observaciones y críticas esta semana por hacer eco de estereotipos y reflejar prejuicios. Se trata de las historias que fueron publicadas con los títulos de “Marina Mora pasea orgullosa y al natural por las calles de Miraflores” y “Ex jugador de la selección peruana se muestra muy cariñoso con sus amigos (y no faltan los rumores sobre si es gay o no)”.

La dinámica de la política, para algunos politólogos, está en manos de los perdedores, pues son ellos los que deciden si van a aceptar el gobierno de los ganadores. En primer lugar, la aceptación de los resultados depende de la legitimidad percibida del proceso. Si los perdedores creen que les han “robado” una elección, es más probable que disputen la legitimidad del gobernante electo. Esto, sin duda, es más frecuente cuando los resultados son apretados, pues el candidato perdedor tiene más razones para pensar en cualquier motivo que le pueda haber disminuido votos.

La aprobación del presidente Kuczynski ha caído 7 puntos en el último mes. Lo veíamos venir. Su primer año de gobierno nos ha dejado una sensación de orfandad. La percepción de un presidente que no tiene claro qué es lo que está haciendo sentado en Palacio.

Qué importante es tener presente que existen trucos para ayudarnos a sentirnos bien y mejor. Muchas veces el día a día nos llena de preocupaciones totalmente solucionables, pero a veces a corto plazo y otras veces a mediano y largo plazo, y es así que el esperar genera en algunas personas angustia, que con el pasar de los días semanas y meses nos puede llevar a trastornos comunes como insomnio, apetito excesivo, mal carácter, desórdenes alimentarios graves que con el tiempo desencadenan la aparición de enfermedades como el sobrepeso, obesidad, celulitis, diabetes, cáncer, alopecia, disfunción erectil, gastritis, estreñimiento, entre otras. Hemos conversado ya la súper importancia que tiene la alimentación y la actividad física como mecanismo de manejo del estrés, pero, además, un tip importante es practicar la risa y el sonreír. ¿Es muy difícil hacerlo? Yo creo que si somos conscientes de que estamos pasando por un momento difícil, podemos seguir estas pautas:

A raíz de la reciente polémica por una nota de este diario en la que se resaltaba el hecho de que Marina Mora saliera a la calle sin maquillaje, me permito poner a consideración un mecanismo para evaluar cuándo un punto de vista o aproximación noticiosa puede ser machista.