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Guerra de tronos

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2017-06-25

Había una vez un chico que era tan flaquito, pero tan flaquito que sus causas le decían “Tubito” o “Sequito”, aunque a él le gustaba más que le dijeran Anuel, como a su cantante de rap favorito pese a que, en realidad, se llamaba Jorge Luis Huamán Villalobos. Había una vez otro chico que se llamaba Jovi Herrera Alania –que no se pronuncia Yovi, sino Jovi–, aunque a él le gustaba más que le dijeran DJ Jovi (que se pronuncia Di Yey Jovi. Di Yey se les dice a los disc-jockeys y, las contadas veces que lo dejaban poner música en un quino, a él le ilusionaba pensar que algún día iba a convertirse en uno de los bravos). Tubito o Sequito tenía, con las justas, 19 años y DJ Jovi, 21, ambos eran de un mismo difícil barrio de Independencia y ambos habían chambeado desde muy chibolos para ayudar a pelear con la tenaz pobreza de sus casas. Sequito ayudaba a sus papás y Jovi, a su abuela que lo había criado desde bebito, desde que la mamá lo abandonó: se lo dejó encargado y se mandó mudar para siempre. Juntos en las buenas y en las malas, Tubito y DJ Jovi habían trabajado en absolutamente todo lo que habían encontrado: limpiando lunas, cargando bultos, vendiendo gorras de Papa Noel entre los carros para Navidad. Habían cachueleado siempre en lo que hubiera, hasta que un día creyeron que se les aparecía la virgen y les pintaba una chambita fija, por fin. Se les presentó una oportunidad que ambos identificaron como “trabajo seguro” cuando, en realidad, los estaban comprando, por unas cuantas sucias monedas, como modernos esclavos.

Como era conocido, llegó la declaración que hiciera Marcelo Odebrecht a la Fiscalía peruana hace unas semanas, y es –palabras más, palabras menos– lo que se hizo público en los días siguientes.

Mientras más poder y fama ostente el agresor de una mujer, más inalcanzable su posibilidad de conseguir justicia. Desde Donald Trump, pasando por O. J. Simpson, hasta Bill Cosby, el ser un hombre de éxito parece cubrir con un velo de inocencia a estos personajes, a tal punto que tanto la opinión pública como los operadores judiciales pueden cegarse ante la evidencia o partir satanizando a la víctima. Es decir, se presume el arribismo u oportunismo de la víctima y se le somete al escrutinio público más severo, para encontrar contradicciones, inconsistencias o cualquier cosa que sirva para culparla a ella de ponerse en riesgo.

El Washington Post acaba de publicar un largo y documentado artículo acerca de la influencia rusa en las últimas elecciones norteamericanas, donde ganó Trump. ¿Puede Rusia, un país con una economía apenas equivalente a Corea del Sur, tener tanta influencia?

Indignación. Es el sentir que ha compartido Perú21 al informar sobre el incendio de gran magnitud en la zona comercial de Las Malvinas y las otras emergencias de menor escala que se produjeron antes y simultáneamente en diversos puntos de Lima.

El título de esta columna se convirtió en el mantra de la campaña de Bill Clinton en 1992, cuando le arrebató la reelección a George W. Bush. James Carville, asesor del entonces candidato presidencial, se hizo famoso al insistir en que la economía era el principal problema que enfrentaba el electorado americano y, por ello, si se centraban en ella, sería la razón que los llevaría a la Casa Blanca. No se equivocó.

En el Perú, Kuczynski es el presidente, pero la política gira en torno al ritmo de la china. Keiko Fujimori decide cuándo colaborar o cuándo atacar. Con el Congreso a su favor, ella puede proponer y aprobar legislación propia sin trabas. Vale la pena recordar que ella ofreció implementar su plan de gobierno desde el Congreso.

Estoy a favor del indulto no solo por motivos humanitarios sino sobre todo porque Fujimori fue condenado mediante un proceso indebido que en cualquier otro país convertiría la sentencia en nula. El que mejor lo ha explicado es el constitucionalista Aníbal Quiroga, quien, en declaraciones a Correo, dijo que: “los correos electrónicos cruzados entre el presidente del tribunal que lo condenó (César San Martín) y unos colegas españoles, que datan de más de un año antes del juicio y en los que se observa que estaban tratando de construir la teoría de la condena sin haber escuchado al acusado viola la imparcialidad… Eso es inadmisible en cualquier parte del mundo”.

Todos miramos con impotencia cómo el incendio consumía la galería y acababa con las vidas de cuatro personas en una agonía larga y dolorosa pues sabían que nada podían hacer mas que sentarse a esperar su muerte. Todos hemos escuchado las palabras de despedida y desesperación de los chicos al llamar a sus familiares: pidiendo ayuda, buscando no perder las esperanzas, sabiendo que ya no hay nada más que hacer, clamando por sus seres queridos, por su bebé.