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Martes 10 de julio del 2012 | 09:02

“Me siento buena actriz. No hay que olvidar que muchas estrellas del cine actual empezaron haciendo cine triple X”, nos dice la pornostar rusa.

Sofía nunca ha estado en Rusia, pero tiene esa nacionalidad. (César Fajardo)
Sofía nunca ha estado en Rusia, pero tiene esa nacionalidad. (César Fajardo)

Gonzalo Pajares
gpajares@peru21.com

Sofía Prada es, además de una actriz porno rusa, una empresaria que, junto con Anthony, su socio peruano y camarógrafo de varias de las películas de Nacho Vidal, el pornostar español, organiza festivales eróticos en Lima. Gracias a ellos, por ejemplo, pudimos ver en Lima a Sara May.

Sin embargo, cree que ya estamos listos para un evento de mayor envergadura. “No al puritanismo. Una feria así no solo es porno, también hay charlas educativas y, por qué no, un kamasutra en directo”, agrega. Visite: www.sofiaprada.com

Tienes un título universitario.
Estudié Ingeniería Informática. Terminé la universidad a los 20 años. Entonces, mi padre me pagó un viaje por toda a Europa y nunca regresé (ríe). Llegué a España y decidí quedarme pues conseguí trabajo como contable en una empresa. Allí aprendí el idioma y, por la crisis, decidí cambiar de oficio. De joven estudié ballet, y eso me sirvió para hacer un casting como presentadora y bailarina de un programa de televisión: Eurosexy. Luego me trasladé a Barcelona, donde hice mi primer desnudo imitando a Marilyn Monroe.

Y luego te metiste al porno…
Antes gané el concurso de la revista Primera línea y, de forma paralela, entré al reality Gran Hermano Porno, de Canal +. Luego ya no paré de grabar escenas, de hacer películas, pero no solo ‘porno’, también he trabajado en películas convencionales. Siempre quise hacer cine convencional, pero, por mi acento, no me daban buenos papeles. En cambio, en el porno sigo creciendo como actriz.

¿Has tenido muchos amantes?
No, ellos me caben en la palma de una mano. La mayoría los he tenido delante de una cámara: tengo unas 50 películas. Sucede que soy muy selectiva con mis parejas y también con mi trabajo: prefiero la calidad a la cantidad. Muchas actrices piensan que, por grabar muchas escenas, pronto serán famosas, pero pensar así es una mierda: te gastas rápido y, luego, nadie te contrata más.

¿Cuántos años tenías cuando perdiste la virginidad?
Diecinueve. En Rusia, como el país es machista, la virginidad es muy valorada. Pero he ido ganando experiencia: después de mi inserción en el mundo del porno, conmigo un chico normal resiste como máximo dos minutos (risas). Por eso, lo que yo busco, más que maratónicas sesiones de sexo, es cariño, amor.

¿Naciste talentosa en la cama?
Claro. En el porno gané experiencia, pero el talento lo tenía. Antes de meterme en este mundo, dos de mis primeros novios me dijeron que debía ser una actriz porno. Para ser un buen amante hay que practicar (y, al responderme, mira a su socio, Anthony).

¿Los peruanos somos buenos amantes?
Aún me falta probar carne peruana. Estoy en ello, pero acá abundan los onanistas, no sabes la cantidad de visitas de peruanos que tiene mi web (risas). La diferencia está en los olores. Los españoles, hombres y mujeres, por ejemplo, huelen muy fuerte; los mulatos, muy rico. El mal olor me baja la libido ¿Cómo huelo yo? Nadie se ha quejado (risas).

¿El tamaño importa?
Para las películas porno, sí, pues es necesario coger un buen plano, por eso se prefieren penes largos, pero, personalmente, a mí no me gustan tan grandes, hacen daño.

¿Es verdad que las mujeres de Europa del Este están entre las más bellas del mundo?
Tenemos otra genética. Las chicas del norte de Europa somos altas, con piernas largas, culo plano y muchas tetas. Las peruanas son bajitas, de patitas cortas y muy culonas. Me estoy planteando agrandarme el trasero (ríe). Mi busto es grande y 100% natural. Cuando subo de peso, mi pecho engorda; cuando adelgazo, se encoge (ríe).

A los latinos nos gusta un pecho voluptuoso…
No es solo un gusto latino, también es europeo. En España, donde resido, las mujeres no tienen uno como el mío y, por eso, llamo la atención. Mi pecho me abrió las puertas del cine porno (ríe).

No solo eres una pornostar, también eres una empresaria.
Por eso estoy acá, porque las latinas me gustan mucho. Con Anthony estamos buscando talentos para convertirlas en actrices porno y llevarlas a Europa, pero notamos en ellas cierta represión, cierto conservadurismo propio de un país machista. Yo les digo que no hay que tener una doble vida.

¿Alguna vez te han pagado por sexo?
Propuestas ha habido, pero no me interesa: si lo haces una vez tu prestigio desaparece. Yo vivo de mis espectáculos, de mis películas, de Internet, ¿para qué me voy a prostituir? Además, no me podrían pagar lo que gano en el otro lado (ríe).

Prefieres los espectáculos lésbicos, ¿no es verdad?.
Sí, porque yo soy la que domina la situación. Pero, en la vida real, prefiero a los chicos (ríe). Lo digo en serio: soy una heterosexual que quiere tener siete hijos (ríe).

AUTOFICHA

- No puedo hablar de mis orígenes. Nunca he estado en Rusia, pero tengo esa nacionalidad. Soy especialista en Informática. Recibí un premio tecnológico por mi web personal.

- En el cine porno español no ha habido casos de sida. Allí hay una organización, Cruz Blanca, que nos hace exámenes de sangre cada dos semanas.

- Como empresaria, mi intención es devolverle glamour al porno. Quiero hacer películas de calidad. Lamentablemente, a este mundo se metió gente poco profesional.

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