20.NOV Jueves, 2014
Última actualización 09:14 pm

LA PORTADA DE HOY

Se cubre las espaldas

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Drogas, alcohol, armas de fuego, celulares y hasta gallos de pelea reinan en los penales. Interno fuga de Lurigancho, reos aumentan en mil por mes y Gobierno ya no quiere privatizar las cárceles.

Los presos en las cárceles del país, sobre todo en Lima, han visto en estos recintos un negocio lucrativo. (USI)
Los presos en las cárceles del país, sobre todo en Lima, han visto en estos recintos un negocio lucrativo. (USI)

La situación de los centros penitenciarios del Perú es cada vez más preocupante. A los conocidos casos de escandalosas fugas, tráfico de drogas y alcohol, ahora se suman las peleas de gallos. Así como lo lee. Es una nueva modalidad que encierra corrupción y que les genera buenos dividendos a los internos.

Los reclusos del penal de Lurigancho, al parecer, improvisan ahora un coliseo para las apuestas por el enfrentamiento entre dichas aves. Precisamente, es en este recinto carcelario donde hace unos días escapó un interno por la puerta principal al aprovechar que la Policía llevaba a cabo una requisa y sacaba, nada menos, que decenas de jabas con gallos.

Las prisiones del país se han vuelto, hace un buen tiempo, en tierra de nadie. Para avezados delincuentes, entrar a un reclusorio es ahora como estar de ‘vacaciones’.

En estos establecimientos, principalmente los de Lima, ingresa toda clase de estupefacientes, computadoras, televisores, cocinas, celulares, pistolas, revólveres, colchones, USB, licor, etcétera.

Los internos pueden seguir ‘trabajando’ entre rejas. Llaman por modernos teléfonos celulares a empresarios y comerciantes para extorsionarlos. Planean asaltos a bancos, farmacias y a otros locales comerciales.

Además, arman fiestas e incluso conciertos en los que abunda la cerveza. Es más, se sabe que en Lurigancho funcionaría hasta un karaoke.

ESCAPE
La madrugada del martes último escapó del penal de Lurigancho un narcotraficante. El interno del pabellón 9 Ernesto Alejo Chávez, ‘Naca’, aprovechó que había una operación para decomisar decenas de gallos de pelea que había en las azoteas de los pabellones 7 y 9.

Con sigilo, esperó que saliera un camión con jabas repletas de aves y huyó. Según las primeras investigaciones, el sujeto habría estado escondido entre los animales, pero algunos internos afirman que salió del penal por la puerta, ayudado por un policía.

Representantes del Instituto Nacional Penitenciario (INPE) indicaron a Perú21 que la Policía es la institución encargada de la seguridad interna y externa del mencionado recinto carcelario. La Policía, por su parte, mediante una nota informativa, refirió que aún no se confirma la huida de ‘Naca’.

Hace dos semanas, agentes del penal de Lurigancho decomisaron licores, celulares y hasta billetes falsos que estaban en poder de visitantes que pretendían ingresar al establecimiento. Entre los intervenidos había mujeres y –lo más penoso– niños reclutados por sus familiares presos.

Aquella vez fueron incautadas 184 latas de cerveza, cuyo precio sobrepasa los S/.30 (por unidad), 24 botellas de ron (a S/.70 cada una), dos galones de kerosene, cinco celulares, tres chips y 300 soles falsos en billetes de S/.20.

¿SEGURIDAD?
De los 68 penales, el INPE custodia 26; la Policía Nacional, 10, y ambas instituciones comparten la seguridad de 31 cárceles más.

El INPE y el Ejército tienen la responsabilidad de la prisión Virgen de la Merced, en Chorrillos, donde están recluidos 10 exmilitares, entre ellos Antauro Humala, a quien cuestionan –precisamente– por las gollerías y privilegios que le otorga el INPE.

TRISTE REALIDAD
Lo cierto es que, mientras ocurren estas penosas e indignantes situaciones de corrupción policial y penitenciaria, los 68 penales del país se ven envueltos en un hacinamiento poblacional ante el incremento de los internos que llegan día a día: mil por mes.

“Al día de hoy ya estamos en más de 55 mil presos. Cuando empezó este gobierno había poco más de 48 mil. Está creciendo a mil internos más por mes, descontando los que ya han salido”, reconoció el lunes último, con preocupación y cierta resignación, el presidente del INPE, José Luis Pérez Guadalupe, durante su exposición ante la Comisión de Defensa del Congreso.

El titular de esa institución había acudido al Parlamento para exponer en torno a la problemática penitenciaria y a las acciones dispuestas sobre seguridad ciudadana.

Para Pérez Guadalupe, se trata de un crecimiento poblacional penitenciario “inédito y dramático”. Es decir, de enero a diciembre del 2011, la población carcelaria creció en 6,532 presos. En solo un año.

“En siete meses (de este año) ya tenemos 5,600 más. Es decir, si seguimos en esta tendencia, vamos a crecer en un año lo que hemos crecido en los últimos cinco años, es decir, en más de 12 mil internos”, alertó frente a la atónita y preocupante mirada de los congresistas.

Respecto de esta problemática, el funcionario penitenciario planteó una política de mediano y largo plazo que no se centre en construir más penales, sino en trabajar con todas las instancias judiciales en el tema de la prevención. “El objetivo del INPE no es la seguridad, no es la construcción de cárceles. Es la reinserción social”, enfatizó.

Alguien tendrá que tomar el toro por las astas para solucionar este grave problema.

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