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Grecia

Jueves 09 de febrero del 2012 | 12:04

La Unión Europea, del brazo con el FMI, está atizando un fuego que puede devorar a quienes creen que la solución a la crisis pasa por el estrangulamiento de los más indefensos.

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Guillermo Giacosa,Opina.21
ggiacosa@peru21.com

En Grecia, más de 10,000 ciudadanos salieron a las calles para manifestarse contra el despido de 15,000 empleados públicos y para apoyar la huelga general en defensa de esos puestos de trabajo. Dicho despido es una de las exigencias de sus acreedores externos y, en nombre y representación de estos, la policía griega reprimió, violentamente, a sus propios compatriotas. Atenas quedó paralizada sin transporte público, ni escuelas y con hospitales que solo atienden urgencias.

Además del despido mencionado, el ajuste prevé fuertes recortes salariales en el sector privado, de entre el 20 y el 30%. Los manifestantes elevaron pancartas que decían: “No a los despidos del sector público”, “No al recorte del salario mínimo”. Un grupo quemó una bandera alemana frente al Parlamento y trató de incendiar otra que tenía la esvástica nazi, como reacción a las llamadas de Berlín para una estricta disciplina presupuestaria. El nazismo provocó muertes inmediatas, el neoliberalismo está provocando muerte a plazos o, simplemente, invitando al suicidio a quienes ya temen más a la vida que a la propia muerte. Para el pueblo griego los nuevos –y poco imaginativos recortes– significan tener una recesión mayor a la que ya padecen. “Nos están arrastrando al fango”, decía un manifestante frente a la televisión. La receta ya fracasó en otros sitios, insistir en ella exhibe las limitaciones del sistema y la falta de humanidad que pareciera gobernarlo.

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