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"Si tu cine es para festivales, gasta tu plata"

Miércoles 11 de enero del 2012 | 00:32

“Siempre quise hacer música y cine pero, como talento musical no tenía, me quedé con el cine”, dice Sandro, quien pronto estrenará El buen Pedro.

Foto: Nancy Dueñas.
Foto: Nancy Dueñas.

Sandro Ventura,Cineasta
Autor: Gonzalo Pajares
gpajares@peru21.com

Ha vivido un tiempo en Chile, se casó muy joven, estudió cine con Armando Robles Godoy, se divorció. También ha sido periodista de espectáculos y sus dioses son el cantante Peter Gabriel y el cineasta Steven Spielberg. Además, es el esposo de Fiorella Rodríguez y, por si fuera poco, está por estrenar su nueva cinta: El buen Pedro. Si quiere saber más de la vida de Sandro Ventura, siga leyendo esta entrevista.

Estudiaste cine con Armando Robles Godoy…
Sí. Era un tipazo. Nunca olvidaré su última clase. Nos dijo: “Nos hemos pasado dos años hablando de cine. Bueno, hoy hablaremos de cinturones de castidad (risas)”. Y nos dio una clase magistral de esos cinturones.

¿Qué directores te gustaban?
Recuerdo que el primer día de clases con Robles Godoy nos pidieron nombrar nuestras películas favoritas: Yo dije Volver al futuro. Era un chibolazo pues (risas). Te mentiría si te dijese que descubrí el cine con Andréi Tarkovski. No, yo lo descubrí con Los cazadores del arca perdida, de Spielberg. Cuando la vi me dije: “Esto es lo que quiero hacer”. Ya después descubrí a Martin Scorsese, a Woody Allen… Siempre he sido muy apegado al cine de Hollywood.

Hacer una película es muy difícil, pero ahora lo es menos que antes. Te costó mucho hacer tu primer largo. ¿Te hubiera gustado nacer una generación después?
(Ríe). Sí. Ahora hasta las superproducciones se están grabando con un iPhone, una cosa increíble. El otro día leía a Nicolás López, un director chileno, quien decía que, hoy, cualquiera puede hacer cine, que no hay excusas para no hacer nuestras películas. Imagino que hacer cine de acá a cinco años será mucho más fácil. En resumen, y para contestar tu pregunta: sí, me hubiese gustado ganarle unos diez años a la vida.

¿Cómo fue el proceso de tu primera cinta?
Me asocié con un amigo y juntos –y al guerrazo y con los errores propios de un debut– hicimos Talk Show. Sabíamos que nos arriesgábamos, que la crítica nos iba a sacar la mugre, porque era una comedia frívola que, de yapa, no mencionaba al Perú ni a Lima. Y la hicimos porque necesitábamos decir acá estamos, vamos a estrenar nuestra película, haremos bulla y la haremos mediática, pues queremos hacer de esto un negocio. Pagamos derecho de piso pues nos encontramos con muchos problemas, sobre todo de distribución, y el negocio no funcionó, pero fue bueno que asumiésemos ese riesgo. Cuando hoy veo Talk Show, siento que cambiaría muchas cosas, pero hay otras que me enorgullecen.

¿Ese es el cine que quieres hacer?
Depende. Estuve trabajando en El sexo perfecto, una comedia romántica sobre amor, sexo y matrimonio, pero el presupuesto se cayó. El buen Pedro, mi nueva cinta, pretende demostrar que en el Perú se puede hacer cine de género; en este caso, un thriller. Pero también quiero hacer un musical, una película de acción.

Dijiste que con Talk Show tuviste problemas con la distribución. Lo mismo le pasó a Las malas intenciones…
Yo no creo que haya habido un boicot. Por ejemplo, teóricamente estoy de acuerdo con la cuota de pantalla, pero ¿qué vamos a poner si apenas hacemos tres películas al año?, ¿una misma cinta durante doce meses? Yo sería feliz porque, así, mi película sí sería negocio, pero esa no es la idea. Excomúlguenme, pero yo creo que el gremio cinematográfico es muy cerrado. Acá todos tenemos la culpa, no solo los distribuidores. Por ejemplo, yo no hago cine peruano, yo hago cine, y cada cineasta debe acercar su cine al público. Yo he escuchado a mis colegas decir: “El público no me interesa, lo que me interesan son los festivales”. Si es así, hazla con tu plata, pues, para qué le pides dinero al Estado para estrenarla para ti y tus amigos.

¿No has participado en ningún Conacine?
Dos veces, hace bastante tiempo. Me di cuenta de que era una pérdida de tiempo porque mi cine es de género y nunca será premiado. Si sé que el árbitro se vendió, yo no juego. Las reglas de juego de Conacine a mí no me convencen, por eso no participo. ¿Cómo saber si una película es buena o mala solo por un guión? El premio de posproducción sí me parece más interesante pero, curiosamente, estos premios tampoco están funcionando. Además, creo que el cine debe ser visto como un negocio.

Cambiemos de tema. Eres el esposo de Fiorella Rodríguez…
Una cosa complicada, ¿no? (risas). Podría parecer complicado, pero no. Fiorella es tal cual en pantalla y en casa. Es muy divertida, muy honesta y muy leal. Ambos nos aconsejamos y soportamos (ríe). Trabajamos juntos, pero cada uno tiene su zona delimitada. Ella es vehemente, obsesiva, extremadamente responsable. Cuando algo falla, ella se siente culpable y esas mermas la cargan, lo que es injusto. Allí intervengo, allí la cuido.

AUTOFICHA

- Me confunden con Sandro Venturo. Él me contó que, cuando Fiorella Rodríguez y yo anunciamos nuestra boda, lo llamaban para felicitarlo por el matrimonio (risas).

- Nací en Lima. Estudié en el colegio La Recoleta. Viví cuatro años en Chile. Me casé a los 18 años. Soy padre de tres hijos. Ellos tienen 23, 22 y 20 años.

- Fui periodista en El Comercio. Querían un practicante que supiese de cine y música. Les dije que no sabía escribir, pero que podía aprender. A los tres meses era redactor.

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