Viernes 25 de mayo del 2012 | 18°
Pedro Salinas, El Ojo de Mordor
Ley Mordaza.- Javier Bedoya cree en la necesidad de poner freno a los excesos. Yo también. Pero su ley, lamentablemente, pecó de exagerada. En lugar de proteger la privacidad y la intimidad de los peruanos, su norma va a terminar afectando otros derechos. Al establecer cárcel para quienes difundan comunicaciones obtenidas ilegalmente, exceptuando aquellas “que tuviesen un contenido delictivo perseguible por acción penal pública”, dicha ley no hace sino coartar y restringir el trabajo de la prensa. ¿Qué va a pasar en aquellos casos en que se descubra un audio donde un personaje público esté tramando un chanchullo? Según la norma de Bedoya, si no hay delito, no se podría propalar. Hacerlo supondría exponerse a pasar cuatro años en un calabozo. ¿Qué va a pasar con aquellos contenidos de interés público, y que no tienen necesariamente una connotación punible, aunque sí éticamente reprobable? De acuerdo a lo aprobado por el Congreso, dicha información estaría penalizada. Un absurdo, o sea. Roberto Pereyra, el asesor legal del Instituto Prensa y Sociedad (IPYS), lo ha explicado muy bien: “Lo clave es el interés público. Si hubieran puesto que está exenta de responsabilidad la información que contenga interés público, habría sido una mejor salida. Con esta ley se limita la libertad de prensa, pues muchas cosas de interés público no se van a poder difundir”. El presidente Humala, cual notario escandinavo, debe observar ese despropósito. No hacerlo sería dejar dispuesta la guillotina contra el periodismo independiente.
Laura Puertas.- La sacaron de mala forma. Maltratándola. Como si se tratara de una venganza servida en plato frío. Pese a que su rol como directora del área periodística de América TV y de Cuarto Poder fue gravitante en términos de sintonía y facturación. Y en materia de credibilidad, que no es moco de pavo. Incluso le entregaron una placa recordatoria, ¡hace apenas un mes!, reconociendo su aporte a la estación televisiva. Es decir, nada hacía presagiar esto que comentamos. Pero ya saben. Esperaron agazapados. A que salga de vacaciones. Y a la mitad de un almuerzo que Laura ofrecía al equipo de Cuarto Poder, la llamaron para una reunión “urgente”. Porque así fue. La razzia debía continuar. Ya antes, recordarán, lo hicieron con Rosa María Palacios; y antes de ella, con Patricia Montero. Con los argumentos más insólitos y disparatados que se hayan escuchado. Por lo que, si entonces se produjeron sospechas y presunciones desconfiadas en torno a estos intempestivos e inexplicables destierros, el despido de Laura Puertas “marca un punto de no retorno”, como ha advertido Raúl Tola, quien también se ha largado de ese canal porque no quiere ser parte de aquello en lo se vaya a convertir ese medio a partir del año entrante. Similar gesto contestatario lo han tenido Hugo Coya, Gustavo Mohme, y Josefina Townsend. Una pena. Se avecinan tiempos flatulentos y de descrédito en la historia de ese canal.
Jarita Colonia.- Así la bautizó Juan Carlos Tafur. A la ministra de la Mujer, me refiero. Aquella que se siente ungida en esa cartera y con una misión: la de imponernos a todos los peruanos sus creencias, como si fuesen verdades de a puño. Como la pastrulada esa de que somos “seres tripartitos”. ¡Por dios! Si Jarita Colonia quiere irse al cielo o más lejos que Buzz Lightyear, que lo haga. Pero, plis, quítenle antes ese fajín ministerial.