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Cómo evitar la navidad

Domingo 18 de diciembre del 2011 | 12:06

Alguien en alguna reunión lo dijo: “No hay navidad en Singapur”. Yo lo escuché, me lo creí y, al día siguiente, compré los boletos. Y en diciembre del 2001 volé como 18 horas hacia allá ignorándolo todo sobre aquel remoto país pero firmemente esperanzado en que sólo así lograría escaparme de este habitual infierno de fruta confitada, tarjetas musicales y ridícula histeria colectiva. Vana ilusión. El soñado paraíso no existía. Singapur era el Jockey Plaza y a cada paso te asaltaban esbeltos e hiperkinéticos papanoeles chinos. Todo el mundo parecía tener muchísima plata y ya se sabe que de eso de trata todo este asunto, en realidad: de shopping. A más money, más navidad, de modo que si el consumista espíritu de la merry christma te llega al shopping, estos apuntes de autoayuda –que contienen valiosos aportes de los eternos grinches del Twitter– serán todo un regalo para ti.

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“Cómprate un pasaje que te garantice que pasarás las 12 del 24 en el aire y, listo, ni cuenta te darás de que es nochebuena.”

bortiz@peru21.com

1. Prueba una nueva religión. Ya tú sabes: la búsqueda espiritual del ser humano no tiene fin y qué mejor que esta temporada de aturdimiento para aventurarse a explorar nuevos caminos. Volverse súbitamente musulmán puede resultar el mejor antídoto contra el stress pascual. Hay una mezquita paquistaní disponible en Tacna, se llama Bab Ul-Islam y fue edificada en los días del auge de la importación de chatarra con timón a la derecha. El furor pasó, la gente empezó a comprarse carro nuevo y, poco a poco, se fueron quedando sin feligreses así que las vacantes sobran. Esta nochebuena podría ser la ocasión ideal para desenrollar la alfombrita, pegar la cabeza al suelo con unción y comenzar a orar con dirección a La Meca. Pasaje aéreo: 368 soles. Si el presupuesto no te alcanza para llegar, te proponemos otra opción más –digamos– franciscana: la comunidad Eco Truly de los Hare Krishna de Chancay. Recontra truly. Bus a Chancay: 4 luquitas. En ambos casos el alcohol y la carne te serán prohibidos lo cual te servirá de pretexto perfecto para no tener que participar jamás de cenas, intercambios de regalos, amigos secretos entre otras molestias.

2. Vuela. No me malentiendas. Me refiero a volar en avión. Cómprate un pasaje que te garantice que pasarás las 12 del 24 en el aire y, listo, ni cuenta te darás de que es nochebuena. No solamente te salvaste del aquelarre familiar sino que te ahorraste un huevo de plata en regalos destinados a gentes que carecen de vergüenza y te siguen obsequiando medias, pañuelos y jabones. Como a nadie se le ocurre pasarla en el aire, las tarifas suelen ser más baratas que las de boletos normales y, si tienes suerte y el personal de a bordo se pone navideño correrán alegres ríos de un aceptable champán gratuito que te hará olvidar que viajas en clase económica.

3. Hornea. Malentiéndeme: vuela. Hornea galletitas felices, quequitos de la risa, happy brownies para la chica darkie, para el guapo primo existencial, para todos tus torturados amiguitos de la cuadra. Resultan sumamente convenientes para el alma si el aciago panorama que te espera es la consabida pataleta general de los sobrinitos chillando su envidia del juguete ajeno o la bulliciosa cabalgata de las tías gordas blandiendo aterradoras bateas de puré de manzana. Tú, tranquilo. Lleva adelante tu diabólico plan. Tú prosigue con las manos en la masa. Confía en la receta secreta del viejo Coronel Sanders: añade a la mezcla tan solo una pizca del amigo grass de Kentucky y al horno. El inconfundible y dulce aroma será el preludio al frenesí. No dejes que se enfríen, pásalas de mano en mano, de pueblo en pueblo. Chomp, Chomp, me llamo Chomp. La vida será una carcajada general. A mal tiempo, buena cara.

4. Perrea. ¿Te has fijado qué día cae el 24? Pues cae sábado. ¿Y qué se hace los sábados? Pues ir a bailar, a bailar el choque-choque-choque, nueva y galante danza que consiste en proporcionarle a la doncella una ráfaga de tiernos cabezazos en los glúteos. Así es. Tal como lo oyes. El aeróbico esfuerzo desplegado en la pista de baile te salvará de los cinco kilos extra por concepto de chocotón con mantequilla remojado en chocolate caliente y la ensordecedora bulllanga del Tumbao VIP, el Chulo’s Extreme o el Cabash Norte te sustraerá de la excelsa sinfonía de las mamarratas. Si optas por el Tequila Rock o establecimientos afines, esta nochebuena será tu nochemejor y tanto la relajación como el solaz esparcimiento estarán mas que garantizados. ¡Alegría, alegría y placer!

5. Timbea. Los casinos atienden 24 horas al día, todos los días. Y eso incluye a la navidad. Los casinos son universos paralelos donde la realidad queda suspendida hasta nuevo aviso, no en vano en Atlantic City (que, como su nombre lo dice, es una ciudad), los casinos tienen cielo artificial para que la luz del día dure para siempre y, como un girasol que naturalmente abre sus pétalos, tú sientas que debes continuar dilapidando tu dinero como un animal. El mundo real no existe en los casinos, ¿qué mejor lugar para sobrellevar cualquier calamidad?

6. Machuca play. Admitámoslo: la de la navidad es una noche mala para terminar de leer esa novela que has dejado a la mitad. Hay demasiada agitación, demasiado claxon, demasiada bombarda, demasiada felicidad. Pero sí es, en cambio, (siempre positivos), una ocasión espléndida para ver películas. Trocamos la absurda ensalada de manzana con mayonesa por el sobrio pop-corn, chapamos nuestro clásico cocacolón, apagamos todas las luces de la casa, nos ponemos los headphones recontra power del Dr.Dre y tomamos de nuestra vastísima videoteca, dividiteca o blueray-teca, una exquisita selección de filmes inmortales en número suficiente como para que el día advenga y ni nos demos cuenta. Con un poco de suerte, cuando, empuñando chispitas Mariposa, todos se confundan en el abrazo unánime de la medianoche, Vito Corleone estará siendo espectacularmente acribillado en tu departamento ante tus ojitos atónitos y lacrimosos.

7Bórrate con roche. Emprende una expedición a lo desconocido: Esta es mi favorita. Aléjate de absolutamente todo. Pásala, por ejemplo, en medio del desierto de Samaca. O en una playa caleta que no tenga luz eléctrica. O a bordo de un barco, navegando. Y si es uno que navegue el Amazonas, tanto mejor. El río no necesita almanaque para estar alegre. Un rotundo cielo estrellado cualquier noche del año siempre será mucha más navidad que cien mil lucecitas intermitentes en el escaparate de una tienda de juguetes pelotudos e impagables.

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