Viernes 25 de mayo del 2012 | 18°
Por: Cecilia Valenzuela, Mira quién habla
Ayer por la mañana –mientras escuchaba al izquierdista Carlos Tapia sustentar su renuncia al cargo de asesor político de la PCM, despotricando contra el equipo de asesores del presidente Humala, calateando las intimidades políticas del primer ministro Salomón Lerner, ponderando sobre los leales y los franeleros dentro del gobierno que acababa de dejar–, recordé la historia de Leena, la mujer griega cuyo nombre dio origen a la palabra “lealtad”.
La Enciclopedia Universal Ilustrada cuenta que Leena, hacia el año 494 a.C., participó en una develada conspiración contra el tirano Hiparco. Al ser detenida y sometida a tortura para que delatara a los demás, prefirió cortarse la lengua con sus propios dientes. Años después, cuando su causa finalmente triunfó, los atenienses erigieron en su memoria, en la puerta de la Acrópolis, la estatua de una leona sin lengua.
No creo que Tapia se parezca a Leena pero, paradójicamente, su lengua tiene que ver con todo lo que le ha ocurrido durante los últimos tiempos. En su carta de renuncia pública asegura que lo despidieron por hablar, por dar una entrevista radial sobre el conflicto minero en Cajamarca. Es más, que le comunicaron verbalmente que el presidente Humala le dijo al premier Lerner: “Se va él o te vas tú”.
Según Tapia, el presidente Humala actúa envenenado por el coronel Adrián Villafuerte y por el brasileño experto en márketing político, Luis Favre, los asesores de la Presidencia que habrían “derechizado” a Ollanta Humala y que lo han alejado de la Gran Transformación. Y dice además que Villafuerte es un perseguidor, un ineficiente que ha usado al Servicio de Inteligencia y a su director, el capitán Víctor Gómez –a quien Tapia desprecia por haber trabajado para una “gran empresa minera”–, para hacerle un “seguimiento permanente”, distrayéndolo de “las tareas propias” de su responsabilidad.
Sin embargo, y a pesar de su experiencia, Tapia no ha mostrado un correo electrónico o un documento para acreditar lo que sostiene. Más bien, ha dejado abierta la posibilidad de que sus gravísimas acusaciones obedezcan a la vieja disputa existente entre civiles y militares, entre radicales y moderados.
¡Pobres de nosotros! Ahora no sabemos si Villafuerte y Favre intrigaron para echar a Tapia de la PCM por rojo. O si, en efecto, se cocina desde Palacio de Gobierno una dupla que emula al “doctor”, un par de gemelos políticos que quieren ser Montesinos cuando sean grandes.
Pero, además de sembrarnos la duda, Tapia ha dicho lo suyo. “Salgo del Gobierno, pero no abandono el proyecto. Y espero que Ollanta Humala vuelva”. ¿A dónde? Al plan de gobierno original, al que hizo Tapia con sus amigos de izquierda, a ese que obtuvo solamente el 31% de respaldo en el gran electorado. Por cierto, Tapia insinúa que ese mismo electorado podría presionar hasta que Ollanta Humala no pueda más y acepte retomar ese plan original, el mismo que proponía meterles mano a los ahorros de los trabajadores en las AFP, revisar los TLC y cambiar la Constitución para eliminar el rol subsidiario del Estado. Esas genialidades propuestas por una izquierda que solo sabe dirigir protestas, pero que, a la hora de la verdad, ni siquiera puede gastar los millones de soles que provienen del canon minero. Esos que les ofrecerían trabajo y dignidad a los pobres que tanto les sirven en las lides electorales.